Episcopal News Service

Subscribe to Episcopal News Service feed
The official news service of the Episcopal Church.
Updated: 36 min 35 sec ago

Episcopales dan publico testimonio frente a un centro de detención de inmigrantes

Tue, 07/10/2018 - 6:58pm

El obispo primado Michael Curry predicó un sermón de “ama a Dios, ama al prójimo” a más de 1.000 personas durante una oración de Visión, Testimonio y Justicia cerca del Centro de Detención T. Don Hutto, en Taylor, Texas, donde se encuentran recluidas 500 mujeres. Foto de Frank Logue.

[Episcopal News Service – Taylor, Texas] Mil episcopales, al menos dos por cada mujer encarcelada en el Centro de Detención Hutto en el campo de Texas, resistieron el ardiente sol del 8 de julio para denunciar públicamente las decisiones del gobierno de EE.UU. en su aplicación de normas migratorias que han separado a familias en los últimos dos meses y han conducido a redadas y deportaciones de inmigrantes.

“No venimos aquí con odio, no venimos aquí con fanatismo, no venimos aquí a rebajar a nadie, venimos a realzar a todos. Venimos en amor, venimos en amor porque seguimos a Jesús y Jesús nos enseñó a amar”, dijo el obispo primado Michael Curry, en su sermón durante la Oración de Visión, Testimonio y Justicia que tuvo lugar aquí al mediodía a la vista del Centro de Detención Hutto.

“Ama al Señor tu Dios y ama a tu prójimo”, dijo Curry, y su lista de prójimos incluían liberales, conservadores, demócratas, republicanos, independientes, el prójimo que a uno le gusta y el prójimo que a uno no le gusta, cristiano, musulmán, judío, palestino, refugiado, inmigrante y guardia de prisión. “Ama a tu prójimo”, clamó Curry, a la multitud que respondía “Sí”.

“Venimos en amor”, dio él.

Un equipo de planificación ad hoc dirigido por la Rda. Winnie Varghese, directora de justicia y reconciliación en la iglesia de La Trinidad [Trinity] de Wall Street, y Megan Castellan, rectora de la iglesia episcopal de San Juan  [St. John’s] en Ithaca, Nueva York, organizaron el culto de oración con Grassroots Leadership, una organización sin fines de lucro con sede en Austin que labora por una sociedad más justa y que denuncia el sistema de prisión como empresas lucrativas, la encarcelación masiva y la deportación y criminalización de migrantes.

Diecinueve autobuses transportaron a más de 1.000 episcopales del Centro de Convenciones de Austin al Centro de Detención T. Don Hutto, a unos 40 minutos de Austin. Foto de Lynette Wilson/ENS.

La 79ª. Convención General de la Iglesia Episcopal está sesionando en Austin hasta el 13 de julio. El debate migratorio de Estados Unidos, de la política de “tolerancia cero” del gobierno de Trump, tuvo un gran protagonismo el día anterior en una audiencia conjunta de un comité legislativo, donde unas 25 personas testificaron sobre asuntos que iban desde brindar santuario a inmigrantes que enfrentan deportación, condenar la separación de familias migrantes, apoyar a los haitianos sujetos a deportación y exigir [la aplicación de] una ley que les brinda un estatus legal permanentes  a los llamados soñadores a través de la legislación federal conocida como DREAM Act.

El obispo primado Michael Curry y la presidente de la Cámara de Diputados, Rda. Gay Clark Jennings, le dicen a la multitud reunida que miren hacia el centro de detención. La Rda. Megan Castellan, rectora de la iglesia episcopal de San Juan, en Ithaca, Nueva York, y una de las organizadoras del evento, comparte la plataforma. Foto de Lynette Wilson/ENS.

La Cámara de Obispos y la Cámara de Diputados retrasaron durante una hora el comienzo de sus sesiones legislativas del 8 de julio para que los funcionarios ejecutivos y más de 1.000 episcopales transportados por 19 autobuses pudieran asistir a la oración cerca del centro de detención —en el campo de Texas a unos 40 minutos de Austin— que administra una empresa privada y donde se encuentran recluidas 500 mujeres.

Justo enfrente de la cerca de tela metálica del centro de detención, José Orta y Audrey Amos McGreenee, miembros de la comunidad de Taylor, sostenían una pancarta mirando hacia el T. Don Hutton que decía: “Cese la detención de inmigración en nuestra nación de inmigrantes”. En 2006, la prisión pasó de ser una prisión de mediana seguridad a un centro de detención de familias, y luego en 2009 a un centro de detención privado solo para mujeres, en el que recluyen a mujeres migrantes, algunas de  las cuales fueron separadas de sus hijos, dijo Orta en una entrevista con Episcopal News Service.

Aunque ha habido problemas durante mucho tiempo con el defectuoso sistema de inmigración de EE.UU., el anuncio en abril de que el gobierno de Trump comenzaría a procesar penalmente a los migrantes y a separar los niños de sus padres mientras aguardaban audiencias de deportación ha provocado que ciudadanos estadounidenses aboguen por la unificación y reunificación de las familias.

José Orta y Audrey Amos McGreenee, miembros de la comunidad de Taylor, portan una pancarta que dice: “Cese la detención de la inmigración en nuestra nación de inmigrantes”. Foto de Lynette Wilson/ENS.

En algunos casos, ha sido un llamado a abogar por políticas justas en el ámbito nacional. En otros casos ha significado tomar las calles y dar un devoto testimonio, como hicieron los episcopales frente al [centro de detención] Hutto.

“Creo, francamente, que, al hacer esto, estamos expresando el sentir de la mayoría de los estadounidenses. Estamos horrorizados por el actual estado de cosas. Creo que la mayoría de nosotros no puede imaginar cómo podemos hacerlo visible. Creo que tengo temor de hablar con nuestros vecinos, tememos que nuestros amigos discrepen de nosotros, tememos ofender. Luego, cuando empezamos a hacer esto, creíamos que conseguiríamos atraer a 150 o 200 personas. Tenemos más de 1.000 sólo en los autobuses”, dijo Varghese, que es también diputada en representación de la Diócesis de Nueva York.

“Parte de lo que estamos viendo es nuestra solidaridad de unos con otros y que hay una gran voz en oposición a lo que está sucediendo en nuestro país, y somos nosotros”, dijo Varghese. “Es entre nosotros, y la razón de hacer cosas como ésta es darle a la gente una oportunidad de ser mejores”.

Jesús estuvo junto a las personas vulnerables, de manera que la Iglesia está junto a las personas vulnerables, dijo la Rda. Melanie Mullen, directora de reconciliación, justicia y cuidado de la creación.

“Queremos andar en el camino del amor y en acompañamiento con nuestras hermanas más vulnerables que sufren”, afirmó ella. “Vamos a hacerlo a través del país donde quieran que victimicen a la gente… Jesús dijo primero ‘traigan los niños a mí’; ese es nuestro primer llamado, estar junto a los pobres, los victimizados, los más frágiles. El Obispo Primado nos dijo que anduviéramos en el camino del amor, eso nos da fuerzas para venir aquí y decir que podemos enfrentar esto juntos”.

La inmigración en Estados Unidos, como en otros países, está desorganizada, dijo el obispo de El Salvador, David Alvarado, en una entrevista con ENS luego de la oración de testimonio.

El obispo de El Salvador, David Alvarado, y el Rdo. Tommy Dillion, diputado suplente de la Diócesis de Luisiana y colaborador durante mucho tiempo de la Diócesis Anglicana –Episcopal de El Salvador, sostienen una pancarta  con la efigie del arzobispo Oscar Romero, que fuera asesinado por su obra en pro de la justicia social mientras estaba de pie detrás del altar. Romero ha sido propuesto a la santidad en la Iglesia Católica Romana. Foto de Lynette Wilson/ENS.

“Ser un migrante”, dijo él, es tratado como un delito. Cuando en realidad, los migrantes huyen de la violencia, buscan no sólo una oportunidad, sino también refugio y salvación. En los países del Triángulo Norte de América Central —El Salvador, Guatemala y Honduras— la gente huye del conflicto social.

“Está afectando a muchas personas; hay muchísimo desplazamiento forzoso”, dijo Alvarado, añadiendo que entre 60 y 70 personas huyen diariamente de El Salvador, algunos de ellos se quedan en Guatemala y en México y otros se dirigen a la frontera de EE.UU.

Episcopales reunidos entre dos campos de béisbol —el lugar de reunión que se autorizó— celebran una oración de visión, testimonio y justicia cerca del Centro de Detención T. Don Hutto. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Mientras el servicio de oración tenía lugar, una familia salvadoreña de 11 miembros estaba intentando cruzar la frontera y uno de los miembros de la familia le envió un mensaje de texto a Elmer Romero, salvadoreño que es miembro de la iglesia episcopal de La Trinidad [Trinity] en Houston y miembro de la junta de Cristosal, una organización de derechos humanos que proporciona ayuda a centroamericanos que se han visto empujados a desplazarse por la violencia. Cristosal comenzó hace más de una década como un ministerio episcopal.

Durante la Oración de los Fieles, el obispo auxiliar de Texas Héctor Monterosso y la obispa de Nueva York Central De De Duncan-Probe, pidieron por el fin de la violencia, la pobreza y el desplazamiento y porque los líderes apliquen políticas que protejan la seguridad nacional y que conduzcan a una migración segura, al fin de la detención para los que solicitan asilo.

Ellos oraron por los niños separados de sus padres y por los padres separados de sus hijos.

“Hoy es el cumpleaños de mi hijo, y si alguna vez me lo hubieran quitado, no sé lo que habría hecho…sólo porque estaba intentando llevarlo a un lugar donde pudiera tener libertad, donde pudiera tener una vida”, dijo Sandra Montes, directora de música de la Diócesis de Texas que dirigió la música en [el servicio] de oración y cantó el día anterior en el culto de avivamiento del 7 de julio.

“Para mí es muy importante que estas mujeres [sepan que estamos aquí]”, dijo Montes. “Ni siquiera puedo poner en palabras la desesperación que yo sentiría si estuviera ahí y mi hijo en alguna otra parte. O incluso si él estuviera conmigo sólo porque quisimos algo mejor, por buscar libertad”.

“No venimos con odio, no venimos con fanatismo, no venimos a rebajar a nadie. Venimos a realzar a todos. Venimos en amor”, dijo el obispo primado Michael Curry a una multitud de más de 1.000 personas reunida en oración frente al Centro de Detención T. Don Hutto en Taylor, Texas. Foto de Frank Logue.

En un mensaje de Twitter luego del servicio de oración, Grassroots Leadership publicó que las mujeres en la prisión estaban llorando, sólo de saber que no estaban solas. No dejar a nadie solo está en el tuétano del amor al prójimo y en seguir las enseñanzas de Jesús, dijo Curry.

“Jesús dijo ‘ama a Dios y ama a tu prójimo’. Venimos en amor, que es el núcleo esencial de nuestra fe, que  es su alma”, afirmó curry.

“El camino del amor nos llama a ser humanitarios, nos llama a cuidar de los que no tienen quien los cuide, y venimos porque no creemos que una gran nación como ésta separa a los niños de sus familias.

“Venimos porque creemos en esta nación, concebida en libertad, dedicada a la premisa de que todas las personas son creadas iguales, [porque] creemos que debemos llamar a esta nación, a Estados Unidos, a que recobre su verdadera alma. Estamos aquí porque amamos a esta nación. Porque si uno realmente ama a alguien no los deja seguir por el camino que va, uno los ayuda a dar lo mejor de sí. Estamos aquí para salvar el alma de Estados Unidos”.

-Lynette Wilson es reportera y jefa de redacción de Episcopal News Service.  Traducción de Vicente Echerri.

Sermón del 8 de julio por Andrés González Bonillas – 79.ª Convención General de la Iglesia Episcopal

Tue, 07/10/2018 - 6:48pm

A continuación, el texto del Sermón de Andrés González-Bonillas durante la Convención General, el día 8 de julio de 2018

El vídeo del sermón puede encontrarse aquí.

Yo oro por el silencio y las palabras que ellos desean expresar / Que sus palabras hagan estallar los altavoces y nos lleven a nuevas alturas / …/ Yo oro por aquellos de nosotros que tenemos tormentas eléctricas en nuestros corazones y tornados en nuestras mentes y terremotos en nuestras almas / Porque las condiciones climáticas no pueden detenernos y tenemos tantas cosas por hacer.

Siéntense, por favor.

Seguramente podré contar con los dedos de una sola mano las veces que he respondido al teléfono y he hablado con alguien que no sea de mi familia o amigos cercanos. Sin embargo, sí puedo contar las muchas, muchísimas veces que me he perdido llamadas, recibí mensajes de voz y luego ni siquiera me di cuenta de esos mensajes de voz. Y los dejé en mi buzón sin responder por largo rato. De modo que cuando recibí un mensaje de texto de Michael Hunn que decía que me había dejado un mensaje de voz, entonces revisé mi buzón que estaba lleno de mensajes de cumpleaños, llamadas para donar sangre y ahí estaba. Michael Hunn, de la oficina del Obispo Presidente me había llamado y me perdí esa llamada. Francamente, yo sí sabía que ya había conocido a Michael, pero en realidad no sabía quién era él ni que cargo tenía. Entonces les pregunté a mis padres: “¿Saben que Michael Hunn de la oficina del OP me llamó?” y lo demás es historia. Cuando Michael me ofreció esta oportunidad fue un honor para mí y me dejó completamente atónito. En todo caso, quiero aprovechar este momento para dar las gracias al Obispo Presidente Curry, al Reverendo Canónigo Anthony Guillen y al Director de Formación Bronwyn Clark Skov. Estas personas me han puesto hoy en frente de ustedes y no podría sentirme más honrado al tener esta oportunidad.

Al repasar las oraciones y las lecturas para hoy, hay siete palabras que se destacan para mí. Siete. Son siete palabras que pueden justamente haber resumido mi punto de vista de lo que la Iglesia Episcopal debe ser, de lo que yo creo que puede ser. En la colecta de hoy, escuchamos las palabras “unidos entre sí mediante un afecto puro”. Las dos últimas palabras me resultaron especialmente poderosas: “afecto puro”. Estas palabras me traen muchos recuerdos y pensamientos a la mente, los más notables son las historias de mis experiencias en esta Iglesia. En esta mañana compartiré con ustedes tres de esos recuerdos relacionados con estas palabras.

Para aquellos de ustedes que han tenido la oportunidad de visitar el Centro de Conferencias Kanuga, ya saben de la belleza y la espiritualidad de aquel lugar. Pues ese frío de la mañana y la vista del lago, el sonido de los pájaros y el crujir de las hojas al viento. Yo he estado en dos ocasiones en Kanuga. La primera vez, cuando tenía 10 años, fuimos con mi familia a “Nuevo Amanecer” una conferencia del Ministerio Latino presente en toda la Iglesia. Sin embargo, fue mi más reciente visita la que más me ha impresionado en la vida. En febrero de 2017, cuando tenía 16 años, llegué al campo de Kanuga por primera vez luego de una ausencia de casi siete años, en esta ocasión como parte del Equipo de Planeación del Evento Juvenil Episcopal (EYE). El estar en ese lugar me hizo recordar que la paz y el poder de la naturaleza sirven para apaciguar y realzar mis experiencias. Cuando me dirigía hacia ese lugar estaba dando los últimos toques a lo que sería la Plegaria Eucarística de Clausura utilizada en EYE 17 en Oklahoma City. En la capilla de Kanuga, el equipo de Música y Liturgia y yo probamos nuestra Plegaria Eucarística de Clausura con ellos. Para el sermón, los cuatro jóvenes del equipo de Música y Liturgia se turnaron para exponer al grupo lo que significaba para nosotros el Sendero de la Paz. Yo creo que mi respuesta ha cambiado desde entonces, pero el sentimiento sigue siendo el mismo. Para entonces, mi sendero de la paz era un camino que tenía que recorrer para estar satisfecho conmigo mismo y con mis acciones e interacciones en el mundo. Creo que ahora eso ha cambiado. Yo creo que más que mis interacciones con el mundo, yo he cambiado de rumbo para enfocarme y apreciar las relaciones que mantengo con la gente, sus historias, sus maneras de comportarse, la poesía que hay en sus emociones y lo saludable de esa conexión.

Pero no es acerca de mi mensaje de aquella noche de lo que quiero hablarles en esta ocasión. Yo quiero hablarles de cómo ese mensaje fue recibido por mis compañeros en aquella capilla. Yo quiero hablarles del afecto puro que el grupo nos dio luego de compartir con ellos nuestra creación y cuál sería nuestro legado en el Evento Juvenil Episcopal. Recuerdo haber dicho que había sentido paz con cada uno de los jóvenes y los adultos en el equipo y también orgullo, y el amor que recibí debido a lo que tenía que decir. Recuerdo a Valerie Harris señalando el altar y diciéndome que ése era mi lugar, diciéndome que ella veía en mí algo más de lo cual yo no me había dado cuenta todavía. Ahora no estoy de acuerdo, pero en aquel instante sentí que yo era amado en esta Iglesia y en esta comunidad.

Lo que se me olvidó mencionar sobre el tiempo que pasé en Kanuga es que fue la primera vez que interpreté mi poema de la palabra hablada, Alabanza. En realidad, las dos primeras frases que dije al principio de este sermón provenían de ese poema. Ese poema fue el punto culminante de ese año con el Equipo de Planeación del Evento Juvenil Episcopal (EYE), desde el primer viaje al monumento conmemorativo al Atentado de Oklahoma City hasta el instante en que yo estaba sobre el escenario de la Universidad de Oklahoma Central, contándole a todos sobre esa historia. Me hizo sentir humilde y al mismo tiempo muy impactante escuchar a la gente aplaudir y ovacionar mientras hablaba. Pero lo que más recuerdo es lo que sucedió apenas bajé del escenario luego de haber recitado Alabanza una vez más. Recuerdo a mi hermana, quien fue la razón por la cual me inscribí al equipo de planeación. Recuerdo cómo me abrazó mientras lloraba con lágrimas de felicidad, agotamiento y orgullo. Recuerdo cómo mi familia del equipo EYE se me acercó mientras yo me secaba las lágrimas y seguía llorando. Recuerdo a la delegación de Hawaii que se acercó a mí para regalarme un libro de oración escrito en hawaiano y un collar hawaiano, que todavía tengo colgado en la pared en mi casa. Recuerdo cuando escuché que mis palabras inspiraban a otros luego de que todos salimos de Oklahoma puesto que escuché mis palabras otra vez en Minnesota. Era una manifestación directa y muy verdadera de puro afecto, algo que llegó a mí cuando más lo necesitaba.

Cuando escucho la palabra afecto, pienso en los niños y ahora que el perro Zach está también aquí, pues también pienso en los perros. Pienso en los niños y en su capacidad para amarlo todo y a todos aquellos con los que se encuentran. Pienso en el amor entre padres e hijos. En este día, cuando el amor me hace pensar en cómo las familias que tienen mi apariencia están pasando por un sistema legal de controles y cuentas que ha sido diseñado para que sientan temor y opresión. Cómo detienen a los niños de piel trigueña en campos de internamiento debido a su nacionalidad, debido a su latinidad y al color de su piel. La gente ve las acciones de nuestros líderes y se quedan horrorizados y atónitos y para describir esto lo califican de algo impropio de los Estados Unidos. Lamento no estar de acuerdo. Si hemos de rectificar estas acciones, los estadounidenses deben reconciliarse con la realidad de nuestra historia, una historia que se celebró con juegos pirotécnicos hace tan solo unos días. Es sobre cómo nuestra agricultura fue desarrollada y cómo las ciudades fueron construidas por el esfuerzo de los negros; cómo nuestro primer presidente, aquel revolucionario, era dueño de hombres y mujeres negros. Es sobre cómo el presidente a quien se le acredita liberar a los esclavos, también ejecutó a 38 dakotas por el hecho de proteger sus tierras ancestrales. Es sobre cómo el gobierno ha separado a los niños latinos y a los niños indígenas de sus familias a través de escuelas con régimen de internado y la Repatriación Mexicana. Es sobre cómo el hogar de los libres y de los valientes es el hogar de los encarcelados y de los colonizadores. Es sobre cómo le hemos negado a la gente de color su humanidad en beneficio del temor de los blancos. Esta nueva manifestación del temor de los blancos es tan solo el episodio más reciente de una larga historia de racismo y violencia en los Estados Unidos. Les negamos nuestra pregonada libertad a los latinos que cruzan las fronteras artificiales, ¿por qué razón? ¿Acaso porque ellos tenían diferentes colonizadores? ¿Acaso porque sus raíces y ramas indígenas no pueden quitarse de la cultura? En este momento, nuestros líderes de la Iglesia están visitando el Centro de Detención de Hutton, Edificio 40, a solo minutos de aquí. Yo los aplaudo por eso y espero que las mentalidades se cambien y que la gente apropiada se sienta vigorizada para realizar un cambio. Un buen hombre una vez me dijo que el mejor trabajo viene desde una posición de rabia. Entonces yo digo, que su rabia traiga justicia y que traiga paz a esas familias latinas que deben ver a sus hijos que están detenidos por los agentes de inmigración (ICE) en jaulas. Que nuestra rabia seque las lágrimas de los rostros trigueños y que se pueda empezar un procedimiento para desmontar las instituciones xenófobas que continúan creciendo. Que nuestra rabia inspire y que tal vez cree algo nuevo.

Mi padre me ha contado historias de su padre. Mi abuelo fue un hombre con el suficiente valor para venir a este país desde Ciudad de México. Nos contó las historias de mi abuelo que vivía atemorizado de las autoridades de inmigración y atemorizado también de la pobreza que había dejado atrás. Mi abuela, mi Nana, también cruzó aquel desierto para seguir a su esposo. Lo hizo por sus tres hijos para que pudieran tener una vida mejor que cualquiera que les pudiera ofrecer allá en México. Como chicano, estoy agradecido por la valentía de mi padre y mis abuelos para cruzar la frontera para lograr oportunidades, oportunidades económicas, oportunidades para educarnos y también oportunidades en la sociedad para mí y mi hermana. Y como chicano, al ver a esas familias que sufren en manos de ICE y el temor de los nativistas, me pone furioso, porque yo sé de dónde vengo.

Yo soy el producto de la unidad por la vía de la opresión, de alcohólicos y de foráneos.

Yo soy un hijo de la revolución y de aventureros que han enfrentado desiertos y despliegues militares.

Estoy a millones de pasos desde la pobreza hasta una promesa rota de oportunidades.

Yo soy un astronauta que anhela liberar a los niños de sus jaulas y llevarlos a una aventura entre las estrellas de las que nuestros ancestros contaban historias, para mostrarles aquel lugar donde la Tierra se curva y el cielo y el mar se encorvan entre sí como la luna y sus estrellas.

Yo lo soy y también lo son ellos. Y estamos Aquí para Quedarnos.

Y tal vez no les guste lo que tengo que decir. Quizás ustedes me ven como otro energúmeno chico de piel trigueña que no tiene motivo para hablar a la Iglesia de esta manera. Sin embargo, si leen las Escrituras para el día de hoy, si escuchan esos textos, verán que éste es nuestro llamado. Ezequiel dice: “Y ya sea que te hagan caso o no (…) sabrán que ha habido un profeta en medio de ellos.” ¡Atención! Yo no creo que soy un profeta, pero me han dado esta extraordinaria oportunidad de hablar a esta Iglesia, de hablar como un joven chicano, como una persona de color, que al observar esta Iglesia puede ver lo que puede llegar a ser. Debemos estar dispuestos a cambiarnos a nosotros mismos y a nuestras instituciones si hemos de crear el cambio en nuestro mundo.

En sus tiempos difíciles, esta Iglesia me ha traído estrés y desilusión, y el año pasado he estado ante el reto de reconsiderar cómo veo la religión, la espiritualidad y cómo las dos se intersecan. Dicho esto, yo no sigo en la Iglesia porque ame o tema a Dios. Yo no sigo en la Iglesia porque quiera complacer Dios. Yo no sigo en la Iglesia porque piense que es un pasaporte al cielo o cualquier promesa de salvación. Yo no sigo en la Iglesia porque piense que necesito inclinarme ante Dios. Yo sigo en la Iglesia debido a esas relaciones que se han creado y se han madurado por el afecto puro. Yo sigo en la Iglesia por hombres como Randy Callendar, Frank Sierra, Luis González, Anthony Guillen, Jesse Villegas y Broderick Greer. Yo sigo en la Iglesia por mujeres como Grace Ahern, Nancy Fraustro, Ariana González-Bonillas, Luisa Bonillas, Bronwyn Clark Skov, Valerie Harris y Christi Cunningham. Yo sigo en la Iglesia por el aroma de Standing Rock y el frío sereno de Harle Lawn durante la oración de la noche. Yo sigo en la Iglesia por esa manera como se ven las estrellas desde las sillas mecedoras de Kanuga. Yo sigo en la Iglesia por los libros de oración hawaianos y Sandra Montes y su música. Yo sigo en la Iglesia por las resoluciones que apoyan la libertad de la opresión aprobada por el estado. Yo sigo en la Iglesia por aquella historia que Anthony me contó la primera noche que estuve aquí, sobre cómo los Ministerios Latinos pasaron de una publicación de dos páginas a ser el criterio de referencia para los ministerios grupales. Yo sigo en la Iglesia porque la lucha no ha terminado. Yo sigo en la Iglesia porque tenemos una plataforma para lograr un cambio real y para hablar por aquellos que han sido silenciados. Tenemos una voz poderosa, una poética y amorosa voz que puede ver los problemas de este mundo y está dispuesta a enfrentarse a ellos. Así pues, utilicemos esa voz profética. Amén.

Committee ready to propose a ‘missionary budget for the Jesus Movement’

Tue, 07/10/2018 - 6:11pm

The members of the Joint Standing Committee on Program, Budget & Finance have spent long hours crafting their proposed 2019-2021 budget. They will present it to both houses of convention during a joint session on July 11. Photo: Mary Frances Schjonberg/Episcopal News Service

[Episcopal News Service –Austin, Texas] Faced with a record number of resolutions, many of them asking for money, but also aided by a strong financial foundation, General Convention’s budget committee finished crunching numbers July 10 on the Episcopal Church’s 2019-2021 budget.

“This is the missionary budget for the Jesus Movement in the Episcopal Church,” Maine Bishop Steve Lane, vice chair of the Joint Standing Committee on Program, Budget & Finance, told Episcopal News Service during an interview after the committee reached its goal of balancing the budget.

The budget, with a bottom line of $133.8 million in both revenue and spending, is a plan “from a new kind of church” that has a “continued focus on evangelism, racial reconciliation and creation care,” Lane said. Convention set those three priorities during the last meeting of convention in 2015 at the urging of then-newly elected Presiding Bishop Michael Curry.

According to Lane and PB&F chair Barbara Miles, deputy from the Diocese of Washington, $10 million is allocated across the budget for racial reconciliation work. Evangelism has $5.3 million to work with and it is money allocated from anticipated income, rather than the one-time draw on the church’s short-term reserves as it has been in the 2016-2018. There is also $1 million for care of creation.

PB&F’s budget must be presented to a joint session of the houses of Bishops and Deputies no later than the third day before convention’s scheduled adjournment. That presentation is set for 10:30 p.m. CDT on July 11. To meet that deadline, the committee had to complete its work the day before. Once they receive the budget, the two houses debate and vote on it separately. Both houses must approve the same version of the budget, which takes effect at the beginning of 2019.

PB&F uses the draft 2019-2021 triennium budgetthat Executive Council passedin January and legislation passed by or being considered by General Convention to create a final budget proposal. It also holds hearings for people to explain to the committee why their resolutions should be funded. The budget process at convention runs parallel to the resolution process and, often, one process overtakes the other.

During this convention, the most visible example of this is the question of prayer book revision. At the time the committee finished the budget, the convention had not yet decided whether to begin a years-long process of revising the Book of Common Prayer. Deputies passed a resolution to do so on July 7. Bishops began debating the issue on July 9 but recessed without voting and took up the question again on July 10 after PB&F had completed the budget. That house approved a substitute resolution; the deputies will have to debate and vote on it.

“We could not predict how the church will ultimately move on prayer book revision,” Lane said.  “After lengthy conversation, we determined that putting aside a large amount of money for something that wasn’t certain was poor stewardship and putting in a token amount was disrespectful of intended work.”

Thus, PB&F did not budget any money for such work. Lane and Miles believe that the Executive Council, the officers of the church and the Standing Commission on Liturgy and Music will have to craft a budget process if the convention decides to go forward.

There is good news in the budget at many levels, beginning with the practical. At the beginning of the 2016-2018 triennium, less than 50 percent of the church’s 109 dioceses and three regional areas contributed the then-voluntary 15 percent of their income to the churchwide budget. In this final year of the three-year cycle, more than 80 percent are doing so. Diocesan funding is the budget’s primary source of income.

“My sense is that this is some of the best financial news in a generation for the Episcopal Church,” Lane said. “We are very close to the place where all of our dioceses are equal partners in the mission of the church in terms of funding. That can’t be celebrated too much. It’s tremendous good news.”

Miles acknowledged that there are those who say the budget has less money to work with because the last meeting of convention lowered the asking from 18 percent in 2016 to 16.5 in 2017 and then to 15 this year. “They’re really not correct,” she said. “We’re doing better now than we were when we had a higher number that people couldn’t reach.”

The convention listened to dioceses who wanted to be able to keep more money for mission and ministry at home, Lane said. Moreover, “many dioceses were seeking a way not to be second-class citizens” because they could not give the total percentage asked. Lowering the ask helped more of the smaller dioceses become full partners, he said.

The General Convention in 2015 turned the voluntary diocesan budgetary asking system into a mandatory assessment, beginning with the 2019-2021 budget cycle. If all dioceses paid the full 15 percent, the budget would have $88.8 million on that income line.

Not all dioceses pay the full asking for a variety of reasons. Diocesan commitments for 2016 and 2017 are here. Dioceses may ask for full or partial waivers and Lane said only 19 dioceses are asking for those waivers and $5.5 million is in the budget to account for those waivers.

Without getting a waiver, a diocese that does not pay the full assessment will be unable to get grants or loans from the Domestic and Foreign Missionary Society (the name under which the Episcopal Church is incorporated, conducts business and carries out mission).

Each year’s annual giving in the three-year budget is based on a diocese’s income two years earlier. PF&’s draft budget allows dioceses to exempt $140,000 of income from their assessment calculation. The exemption was $120,000 during the 2012-2015 triennium.

Even with that solid financial grounding, the committee was challenged in its work with more than $12 million in new spending requests that were not in council’s draft budget.

Lane and Miles said PB&F had three principles guiding its work in considering those spending requests. The first was not to add to the churchwide staff if the position did not have what Lane called “significant new work.” The second was to favor the creation of networks and time-limited task forces, rather than new canonically required standing commissions. And, third, the committee focused on keeping money in dioceses by preserving the assessment rate at 15 percent and encouraging diocese to be engaged in networking with other entities for work they felt was important rather than putting it back in the churchwide structure.

Those principles echo the recommendations made to the 2015 General Convention by Task Force for Reimagining the Episcopal Church (TREC) after it spent approximately two years in a dialogue with Episcopalians about the structure of the church about structure and its relationship to mission.

PB&F did not want to “rebuild the bureaucracy” of the churchwide operation, Lane said.

“We don’t believe that the church has yet lived into the culture change that was proposed by the TREC report,” he said. “Part of our struggle at this convention was responding to the outpouring of resolutions asking for things to be restored and rebuilt, rather than seeking new ways of doing work. We want to encourage the church to continue to look at a leaner, more flexible way of operating – a way of operating closer to the ground.”

Miles said one task force only asked to $100 to cover the phone bill for meeting via conference calls. “Good for them,” she said.

– The Rev. Mary Frances Schjonberg is the Episcopal News Service’s senior editor and reporter.

Bishops vote unanimously to admit Cuba as a diocese

Tue, 07/10/2018 - 5:59pm

Presiding Bishop Michael Curry and Bishop Gray-Reeves of the Diocese of El Camino Real congratulate Bishop Maria Griselda of Cuba after the House of Bishops’ unanimous vote July 10 to welcome Cuba back into the Episcopal Church. Photo: David Paulsen/Episcopal News Service

[Episcopal News Service – Austin, Texas] The Episcopal Church’s House of Bishops voted unanimously on July 10 to admit – or re-admit, really – the Episcopal Church of Cuba as a diocese of the Episcopal Church. The Diocese of Cuba will become part of Province II.

“I feel the breath of the Holy Spirit. Thank you, everyone, for the support right now, but really for the support all these years,” Cuba Bishop Griselda Delgado del Carpio said in Spanish through an interpreter. She took a moment to remember generations past who’d longed for reunification, “those who’d suffered but always hoped we’d return to the church.”

Delgado received a standing ovation, and many hugs were shared as Presiding Bishop Michael Curry asked her to take her seat at table No. 7.

Reunification was a long time coming. In response to the geopolitics of the time, the House of Bishops in 1966 voted unilaterally to separate from the Episcopal Church in Cuba.

The House of Bishops “stabbed Cuba in the heart, and it refused to die,” said retired Southeast Florida Bishop Leo Frade, a Cuban who was 23 years old when the house voted to expel Cuba.

“House of Deputies did nothing, the House of Bishops acted … it was an unconstitutional action by a House of Bishops that had no authority to kick us out,” said a tearful Frade. “As Cubans, Cubans refuse to die. The reality is that the Church of Cuba is still alive, and it belongs here.”

At the start of the 79th General Convention, the Episcopal Church in Cuba Committee struggled with constitutional and canonical questions regarding whether convention could act now to admit Cuba, or if it would require a constitutional change be made over two consecutive conventions.

In the end, convention acted as it did similarly in 2003 when it readmitted the Diocese of Puerto Rico into the Episcopal Church. The Diocese of Puerto Rico had been since 1979 an extraprovincial diocese under Province IX’s authority. In the 1970s, it was expected that Puerto Rico, Cuba and other dioceses in the Caribbean would form their own province, though that never came to pass.

Formerly a missionary district, the Episcopal Church of Cuba has functioned as an autonomous diocese of the Anglican Communion under the authority of the Metropolitan Council of Cuba since it separated from the U.S.-based Episcopal Church in 1967.

New Jersey Bishop William “Chip” Stokes, bishop chair of the Episcopal Church in Cuba Committee, impressed a sense of urgency on bishops to adopt Resolution A238 as amended.

“Cuba’s government is in a time less restrictive toward churches,” he said, adding that U.S. policies are unpredictable.

A238 lays out the terms for reunification; it now moves to the House of Deputies.

The House of Bishops took its action in 1966 in response to the effects of the Cuban Revolution and the United States’ response. The Cuban Revolution, led by Fidel Castro, began in 1953 and lasted until President Fulgencio Batista was forced from power in 1959. Batista’s anti-communist, authoritarian government was replaced with a socialist state, which in 1965 aligned itself with the communist party.

In 1961, Episcopal schools in Cuba had been closed and appropriated, and many clergy and their families were displaced. Some remained in Cuba; some either returned or immigrated to the United States. Some clergy who remained in Cuba were imprisoned, executed or disappeared. Church buildings were closed and left to deteriorate. The church was polarized politically, and its clergy and lay leaders suffered. But the church continued in the living rooms of the grandmothers, who held prayer services and Bible studies in their homes. Through them is transmitted a story of pain, and of faith.

The Episcopal Church of Cuba traces its origins back to an Anglican presence beginning in 1901. Today, there are some 46 congregations and missions serving 10,000 members and the wider communities. During the 1960s, Castro’s government began cracking down on religion, jailing religious leaders and believers, and it wasn’t until Pope John Paul II’s 1998 visit to Cuba, the first ever visit by a Roman Catholic pope to the island, that the government began a move back toward tolerance of religion.

– Lynette Wilson is a reporter and managing editor of Episcopal News Service.

Convocation of Episcopal Churches in Europe wears World Cup fever on its sleeve

Tue, 07/10/2018 - 3:34pm

The Rev. Sunny Hallanan shows off her Belgian Red Devils shirt on the House of Deputies floor before the July 10 World Cup semifinals match between Belgium and France. Photo: David Paulsen/Episcopal News Service

[Episcopal News Service – Austin, Texas] There are 110 dioceses represented at the 79thGeneral Convention, and for most of them, World Cup fever passed them by, without a U.S. soccer team to cheer for.

There is one obvious exception: The Convocation of Episcopal Churches in Europe.

It helps that all four teams remaining in the World Cup at the start of July 10 were from Europe, and three of those teams have fans in the Convocation’s deputation. The evidence is as plain as the large French flag stretching across the backs of the deputation’s chairs and the Belgium Red Devils shirt worn by the Rev. Sunny Hallanan of All Saints Episcopal Church in Waterloo, Belgium.

“The general atmosphere in my country is good when we win,” Hallanan said, so you could say she’s also cheering for Belgium in the interest of pastoral care.

The deputation spoke with Episcopal News Service around lunchtime July 10 after attending the latest TEConversation in the House of Deputies, and the afternoon legislative session was scheduled to start at 2:30 p.m. So what to do about the 1 p.m. semifinal match between France and Belgium, which ran through the beginning of the legislative session?

Anne Swardson, a lay deputy from American Cathedral in Paris, said she and the others won’t try to watch the match from the house floor, but they will be waiting for mobile alerts when one team scores or wins.

“You’ll see us react,” said Helena Mbele-Mbong, the other France fan. She is a lay leader deputy from Emmanuel Episcopal Church in Geneva, but lives near the Swiss border in the town of Gex, France.

“If it was the World Series, they would interrupt the session to announce the outcome,” Swardson said, but she and the others from Europe aren’t expecting the Rev. Gay Clark Jennings, the deputies’ president, to do so for the World Cup results. (Post-match update: France beat Belgium, 1-0, and the business of House of Deputies marched on.)

A French flag is stretched from chair to chair as the deputation from the Convocation of Episcopal Churches in Europe discusses the presentations July 10 in the TEConversations session. Photo: David Paulsen/Episcopal News Service

Swardson said she was able to watch three matches earlier in the tournament at a corner sports bar near the Austin Convention Center, and members of the deputation have been following the action whenever possible – but not at the expense of their legislative duties, of course.

“We’ve all been attending, as Gay Jennings would want us to,” Hallanan said.

Full ENS coverage of the 79th meeting of General Convention is available here.

In interest of full disclosure, the Rev. Sunny Hallanan may have offered an ENS reporter a Belgian treat as a bribe to root for Belgium, and it may have worked. Photo: David Paulsen/Episcopal News Service

As for the rest of the remaining World Cup field, the Rev. Christopher Easthill is priest-in-charge at Church of St. Augustine of Canterbury in Weisbaden, Germany, but a native Englander, so he’ll be rooting for England, which plays Croatia on July 11. Yvonne Cockcroft and David Case are both from the Church of the Ascension in Munich, but they too are cheering for their home country of England.

Germany was knocked out of the tournament in an earlier round, making the choice of allegiance that much easier.

And then there is the Rev. Richard Cole, a deputy and deacon from Switzerland. “I’m no longer interested,” he said humbly. His team was another early exit from the World Cup.

As a consolation, though, Cole has Wimbledon to fall back on. The Swiss great Roger Federer has made it to the quarterfinals, with his tennis match scheduled for July 11.

– David Paulsen is an editor and reporter for the Episcopal News Service. He can be reached at dpaulsen@episcopalchurch.org.

Sermón de avivamiento del 7 de julio del obispo primado Michael Curry

Tue, 07/10/2018 - 3:17pm

Lo que sigue es el texto del sermón del obispo primado Michael Curry en el culto de avivamiento de la Convención General en el Centro Palmer el 7 de julio de 2018.

El vídeo del sermón puede encontrarse aquí.

¡Oh, mi Señor! ¡Que toda la Iglesia diga amén! Díganlo otra vez. ¡Díganlo una vez más! ¡Amén! Estoy sin aliento por ustedes. Esta es una noche bendita. Es una noche bendita. Nos hemos reunido esta noche. Mucho de nosotros somos episcopales. Muchos son de otras tradiciones y familias cristianas. Muchos son personas de buena voluntad de ninguna denominación o bandería en particular. Algunos de nosotros son probablemente republicanos. Y algunos de nosotros son probablemente demócratas. [Y] algunos de nosotros son probablemente independientes. Pero todos somos hijos de Dios. ¡Todos nosotros! Y eso es lo que celebramos esta noche. Nos hemos reunido como hijos de Dios. Como solía decir esa vieja canción cuando yo era niño:

Rojos y amarillos, negros y blancos

Todos son valiosos a tus ojos.

¡Todos, todos, todos!

Permítanme, en nombre de ustedes, darles las gracias a todos lo que han hecho posible esta noche. ¡Gracias! ¡Gracias! Y permítanme, en nombre de ustedes también, darles las gracias a los obispos y al pueblo de la Diócesis de Texas. ¡Gracias, Texas! ¡Gracias, Texas! ¡Gracias, Texas!  ¡Texas! ¡Texas!

Bueno, me siento en una posición incómoda porque tengo la impresión de que somos lo único que se interpone en el camino de la comida. Esta es una posición poco envidiable. Luego, déjenme apurarme con mi texto. Tomado del Nuevo Testamento, del evangelio de Juan, cerca del final del evangelio de Juan. De hecho, algunos eruditos dicen que el evangelio termina en el capítulo veinte. Pero si se fijan en sus biblias, verán que hay otro capítulo. Y los eruditos tiene toda clase de teorías sobre si el capítulo veintiuno es una adición, una extensión o un apéndice. Yo no soy un erudito. Soy un predicador rural, y conozco a los predicadores y ustedes los conocen también. Tengo la impresión de que Juan terminó su sermón en el capítulo veinte, el avión estaba aterrizando y él se acordó de algo más. Y despegó y volvió de nuevo. Eso es lo que sucedió. Luego, en su primer aterrizaje, que es el capítulo veinte, él casi llega a una conclusión. Y lo hace con estas palabras:

Jesús hizo muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida.

Mis hermanos, mis hermanas, hermanos míos. Dios quiere que vivamos. Dios quiere que este mundo viva. ¡Dios quiere que vivamos! Ustedes pueden casi oírlo en el texto. Juan está intentando aterrizar el avión, y dice que hay muchas otras cosas que podría haber escrito, pero estas pocas cosas que yo he escrito, en todo este evangelio de Juan, la historia de Jesús cuando convierte el agua en vino, la historia de Jesús cuando se encuentra con el viejo Nicodemo, la historia de Jesús cuando se encuentra a la mujer samaritana de que el obispo estaba hablando junto al pozo, la historia de Jesús cuando alimenta a los cinco mil *¿no es ella estupenda [refiriéndose a la traductora]?). Todas estas historias, la historia de Lázaro, la historia de la crucifixión de Jesús, la historia de su resurrección de los muertos, yo podría haberles contado más historias. ¡Es de Jesucristo de quien estamos hablando! ¡Este no es un fulano cualquiera! ¡Este hermano era increíble! ¡Yo podría estarles contando historias toda la noche y ustedes nunca llegarían a su parrillada! Pero estas pocas historias se las he contado para que puedan llegar a creer. Y creer significa sencillamente confiar. No significa que ustedes entiendan. No significa que se den cuenta. Significa que yo voy simplemente a confiar en ustedes. Estas cosas han sido escritas para que ustedes puedan creer que Jesús verdaderamente es el Mesías, el Cristo, el rostro humano de Dios, la encarnación del amor de Dios en la vida de una persona humana. O como dice el Credo Niceno:

Dios de Dios,

Luz de Luz,

Dios verdadero de Dios verdadero, 

¡No es un Fulano de Tal del que estamos hablando! Estas [cosas] han sido escritas para que ustedes puedan creer. Que él realmente es la señal, la última prueba de lo mucho que Dios les ama. Y esto se ha escrito para que puedan tener vida. Vida. Vida real, no la vida que uno puede adquirir en Ebay. ¡Vida real!. La vida que el mundo no dio y que el mundo no puede quitar. ¡Vida! ¡Vida! Y en el evangelio de Juan es increíble…  Yo quiero asegurarles [dirigiéndose a los del lenguaje de signos ¿cómo lo están haciendo?] Quiero asegurarles a todos. Si miran al evangelio de Juan, el tema de la vida está entretejido de principio a fin. Al principio del evangelio con esa poesía maravillosa:

En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. En él estaba la vida,

Y esa vida era la luz del mundo.

Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.

¡Esta es la vida! ¡La vida con Dios! ¡La vida! Y así prosigue. No lo estoy inventando. Está en el libro. Él dice en el capítulo seis, “yo soy el pan de vida”. En el capítulo cuatro, dice “yo soy el agua de la vida”. En el capítulo tres, Jesús se encuentra con los primeros episcopales. ¡Es cierto! Estoy convencido de que [ese] Nicodemo del capítulo tres de Juan fue el primer episcopal. Si leen el texto cuidadosamente, dice que Nicodemo, que era fariseo, probablemente miembro del Sanedrín, que era el tribunal supremo, era una especie de aristócrata, ¡a mí me huele a episcopal! Pero algo mejor aun, dice el evangelio de Juan, Nicodemo vino a Jesús de noche. Sólo un episcopal trataría de acercarse a Jesús cuando nadie está mirando. ¡Eso es de episcopal! Pero Nicodemo estaba bien, porque cuando la situación se puso seria, Nicodemo defendió a Jesús frente al Sanedrín. Y Nicodemo se asoció con José de Arimatea y se ocupó del entierro de Jesús. Eso es todo de un episcopal. Por qué menciono eso, fue en la conversación con Nicodemo que Nicodemo dijo: “Tú sabes, Señor, quiero saber más acerca de tu enseñanza”. Y Jesús le dijo, “Nicodemo, no me vengas con ese cuento. No estamos en [el show de] Oprah Winfrey”. Él le dijo a Nicodemo “debes nacer de nuevo” La expresión griega puede traducirse como nacer otra vez, renacer o nacer de arriba. Y el propósito, pienso yo, la única razón de nacer es ¡que uno pueda vivir! ¡Dios quiere que vivas! Dios quiere que tengamos vida y ¡Dios quiere que todos sus hijos tengan vida! Yo podría seguir, pero no lo haré.

Continúo en el evangelio de Juan, él dice, “yo soy la resurrección y la vida”. Él dice en el capítulo catorce, “yo soy el camino, y la verdad y la vida”. En el capítulo diez, “yo he venido para que tengan vida”. Y luego, al final del evangelio, ¡he escrito todas estas cosas para que puedan creer y tener vida! ¡Todo el argumento es la vida! Vida abundante quería decir para cada uno. Vida para los ricos y vida para los pobres. Vida para los demócratas y vida para los republicanos. ¡Vida para los independientes! ¡Vida para los diputados! ¡Vida para los obispos! ¡Vida para todo el mundo! ¡Vida! ¡Vida! ¡Vida! ¡Vida! ¡Vida! Y la verdad es que resulta tan fácil ser engañado respecto a lo que supone la auténtica vida. El evangelio de Juan resalta que Jesús no estaba hablando de biología. La biología es importante. Porque uno tiene que comenzar en alguna parte.  Pero eso es lo básico. Quiero decir, la verdad es que todos somos seres humanos, y biológicamente eso es lo que somos como seres humanos. Pero biológicamente, somos sencillamente parte del mundo animal. Básicamente somos como esa paloma de la Cámara de Diputados. Me acerqué a la presidente Jennings y le dije: “Señora Presidente, tienen una paloma en esta Cámara” Pero eso es biología básica. Somos parte del mundo animal. Y aquí voy a ser cuidadoso, porque sé que la obispa Katharine está aquí por alguna parte y ella es una científica.  No quiero salirme de mi categoría, pero creo que mi maestro de octavo grado nos enseñó en los organismos vivos que los miembros del reino animal tienen ciertas características, entre las que se destacan tres: respiran, comen y se reproducen. La respiración (suena mejor en español, eso me gusta), la respiración, el consumo y la reproducción. Ellos comen, respiran y hacen más de su propia especie. Mi esposa tiene dos gatos que pueden hacer eso. Realmente, después de haber estado en el veterinario, sólo pueden hacer dos de las tres. Y eso está bien, pero la verdad es que la vida es más que eso. Y Jesús lo repitió mucho. ¿No es la vida de ustedes mucho más valiosa que la de las aves? Esas inapreciables criaturas de Dios, ustedes son de más valor que las aves. Necesitan ropa, ¿pero ¿cuánto necesitan? Piensen en los lirios del campo. Crecen, se extienden, se mezclan, giran e incluso vuestro Padre celestial se ocupa de ellos. ¿Y cuánto más valiosos son ustedes? ¡Yo he venido para mostrarles vida! ¡No mera vida biológica! ¡No mera existencia! ¡No mera supervivencia! ¡No mero ir pasando! ¡Tener vida! ¡Vida como yo la soñé!

¡La vida como la concebí! Dios los necesita —¿me siguen?  Y lo cierto es, yo estoy convencido de que el amor es la clave de la vida. Tengo una teoría, y sé que hay algunos teólogos en este salón. Voy a ser cuidadoso, pero estoy convencido de que lo contrario del amor no es el odio. Lo contrario del amor es el egoísmo, y el odio es una derivación del egoísmo. Sí, creo que hemos dado aquí con algo. Veamos el egoísmo, o como las madres y padres de antaño solían llamar a esa soberbia, ese falso orgullo autocéntrico que me pone en el centro del mundo, y a ustedes y a Dios y a todo lo demás en la periferia, ese egoísmo, es la raíz de todos los males. Es la fuente de todos los errores. Está detrás de todos los prejuicios. Está detrás de todas las injusticias. Es el cáncer raigal de todas las guerras. Es la fuente de toda destrucción. ¡Ese egoísmo destruye hogares¡ ¡Destruirá iglesias! ¡Destruirá naciones! Y si se queda desatado, ¡destruirá la creación! ¡Egoísmo! ¡Egoísmo! ¡Egoísmo! ¡Egoísmo!

Y el amor es la cura. Tuve que decir eso brevemente en una boda hace poco. Tuve que decirlo en muy poquito tiempo. No voy a ser mucho más extenso con ustedes tampoco. Pero el amor es el Bálsamo de Judea. El amor curará el alma enferma de pecado. ¡El amor puede levantarnos cuando la gravedad del egoísmo nos abate! El amor puede unirnos cuando el egoísmo nos separa. En verdad tenemos un programa de televisión que es la encarnación del egoísmo. Y en verdad hay otra palabra para el egoísmo, créanlo o no, se llama pecado. Es por eso que tenemos una Cuaresma, una estación para enfrentarnos al pecado. Pero el amor es la cura. Tuvimos un programa de televisión, y ustedes saben a cuál me refiero. Es el programa de televisión Survivor [El superviviente]. Ahora bien, no es más que un programa de televisión, yo sé. Pero piensen en la premisa de ese programa. La premisa de Survivor es que pones a todas estas personas en una isla desierta, y el objetivo de su vida es sobrevivir expulsando a todos los demás de la isla. ¡Esa es una parábola del egoísmo! Porque al final el egoísmo logra expulsar a todos los demás de la isla! Y no se queda nadie más excepto tú. ¡Y tú te aburres increíblemente de ti mismo!

Pero el amor nos une. El amor sana las heridas. El amor puede levantarnos. El amor es la fuente de nuestra liberación, y es la fuente raigal de la vida. De hecho, la verdad es que la única razón por la que estamos aquí es por amor. Denme otro minuto o dos. Quiero decir, deténganse a pensar en eso por un momento. Nosotros los cristianos creemos en Dios. Creemos en un solo Dios, y no obstante creemos en Dios la Santa Trinidad. ¿Tengo razón al respecto? Por favor, digan eso con más confianza, es realmente cierto. Tenemos un solo Dios y no obstante sabemos que este único Dios es Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. Pero no tenemos tres dioses, ¡un solo Dios! ¡Acabamos de conocer a este Dios de [tres] maneras formidables! ¡Tenemos un Dios lleno de magnificencia! Y Dios, ven ustedes, la Santa Trinidad, ¡es la manera que tiene nuestra tradición de decirnos que Dios puede abrazar la individualidad y la multiplicidad al mismo tiempo! A Dios no le preocupa la uniformidad. Dios puede tener unidad y diversidad, no uniformidad, al mismo tiempo. ¿Entienden ahora lo que digo? La verdad es que Dios tiene en el ser de Dios todo lo que Dios necesita para ser íntegro, y para ser pleno y para ser completo. San Agustín de Hipona, que por cierto no era ningún ardiente liberal, Agustín de Hipona dijo una vez que la Trinidad significa que Dios es una comunidad de amor en el ser de Dios. Y en Primera de Juan, capítulo cuatro, los versículos [7-8] dicen: “Amados,  amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios [y] todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios… porque Dios es amor”. ¡Dios es amor! ¡Dios es amor! Y saben qué, saben qué, ¡esa es la razón porque estamos aquí¡ Dios es la Trinidad. Dios tiene toda la compañía que Dios necesita en el ser de Dios. ¡Lo cual significa que Dios no necesita de ustedes! Dios no necesita que el mundo sea un dolor de cabeza. Pero el amor se mueve y hace lugar y espacio para que quepa el otro. El amor dice  ¡hágase la luz! El amor dice, ¡hágase un mundo! El amor dice, hágase Andy! El amor dice ¡hágase Byron! El amor dice, ¡hágase Deena! El amor dice, ¡hágase Héctor! El amor dice hágase Jeff, bueno Jeff, déjame pensarlo. El amor, la razón por la que estamos aquí, de que existe un mundo porque Dios es amor. Estamos aquí. Tenemos vida debido al amor. Jesús dijo, “Les doy un nuevo mandamiento, que se amen unos a otros”.  Y después que se levantó de los muertos, le preguntó a Simón Pedro, “¿Quieres seguirme ahora?” No se trata de una obediencia mecánica. Él dice, “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Y él le responde “Sí, Señor, tú sabes que te quiero” “Cuida de mis ovejas. “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” “Señor, acabo de decirte que te quiero. Sí, te quiero, tú sabes eso”. Entonces ¡cuida de mis ovejas!”. Él dice, Simón hijo de Juan, ¿ME QUIERES? Si me quieres vencerás tu egocentrismo, y otro te llevará por la mano, y te conducirá donde no quieras ir. Pero ya todo no se tratará de ti. ¡Se tratará de seguirme!” Y luego Jesús dijo, “Ahora sígueme”. ¡La clave para seguir a Jesús, la clave para ser sus discípulos, la clave para la vida es el amor! Es el amor. Es el amor.

Bien, voy a parar ahora, me estoy poniendo viejo. Eso es un eufemismo. Pero sepan que cuanto más viejo me pongo más convencido estoy de que he malgastado muchísimo tiempo en la vida en cosas que no dan vida. Y algunas de esas cosas son humanas. Somos humanos. Y eso está bien. No voy a rechazar todo eso. Pero al final de la jornada tenemos que vivir, Tenemos que vivir en un mundo donde los niñitos no los separen de sus padres en la frontera. Tenemos que vivir en esa clase de mundo. Y la obra del amor es hacer un mundo donde la posibilidad de la vida para todos sea real. Esa es la obra del amor. Y yo creo realmente que es por eso que soy cristiano o, mejor aún, es por eso que soy seguidor de Jesús. Un seguidor muy defectuoso, por cierto, pero seguidor no obstante. ¡Pero lo soy porque creo que Jesús tenía razón. El camino a la vida es el camino del amor. Ama al Señor tu Dios. Ama a tu prójimo. Y mientras haces eso, ámate a ti mismo. Esa es la clave. Bien, todo esto se predica a partir de una convicción anterior, una convicción (a la traductora: hacemos esto todo el tiempo, debía habernos visto en Honduras. Estuvimos aún mejor). Realmente se basa en la convicción de que Dios sabe de lo que está hablando. Piensen en eso por un segundo. Todo lo que he dicho, todo lo que he dicho se basa en la convicción de que Jesús sabe de lo que habla. Que Dios sabe de lo que habla. ¡Si no supiera, entonces bien podríamos ir a comer la parrillada ahora mismo!

Me di cuenta de eso hace años. Era sacerdote de una parroquia en Baltimore —Diócesis de Maryland, probablemente habrá alguien de allí por aquí— y nuestra hija más pequeña tenía aproximadamente unos tres años, y mi esposa se había ido a enseñar a la escuela y creo que nuestra hija mayor se había ido con ella, ahora no puedo recordarlo. Pero ellas estaban fuera y yo tenía que llevar a la pequeña a la guardería (dirigiéndose a la traductora: no sé lo que dijo mi hermana, pero ustedes obviamente lo están disfrutando). Muy bien, de manera que estoy allí en casa, estoy con Elizabeth y estamos esperando un poco antes de salir para la escuela. Y yo le digo: “Elizabeth, necesito que vayas y te pongas tu capa de agua”. Y ella me mira, a los tres años, y en ese momento yo soy el rector de la iglesia de Santiago Apóstol [St. James], la tercera iglesia afroamericana más antigua de la Iglesia Episcopal. Una iglesia histórica, la iglesia que les dio a Thurgood Marshall. ¡Sí!  ¡Esta es una iglesia seria! ¡Sí! Luego aquí estoy yo el rector de Santiago Apóstol y aquí está esta personita de tres años, y le digo “Elizabeth ve a ponerte la capa de agua”. Y ella me dice, “¿por qué?” y le contesto, “Porque va a llover”. Ella corre a la ventana del salón, y se asoma a la ventana y me dice, “Pero no está lloviendo afuera”. Yo le dije, “Eso lo sé, pero va a llover más tarde”. Ella me respondió: “Mami no dijo que fuera a llover”. Vean ustedes como se revela la fuente de la autoridad. Le dije, “Sé que Mami no dijo que iba a llover, pero Al Rocker dijo que iba a llover”. Traté de explicarle el pronóstico del tiempo y le mostré el periódico. Y finalmente dije, “¿por qué estoy haciendo todo esto? ¡Elizabeth, sencillamente ve y ponte tu capa de agua!”.

Así, pues salimos de la casa y tomamos el auto y fuimos hasta la guardería infantil. Y la dejé en la escuela. Y mientras regresaba, fuera del auto y sentado en él, me dije que no podía creer que esa cosita pensara que ella realmente sabía más que yo. Aquí estoy yo, el rector de la histórica [iglesia] de Santiago apóstol. Thurgood Marshall, Pauli Murray, todos los que salieron de esa iglesia. ¡Sí!  Aquí estoy yo y ella realmente pensaba que sabía más que yo, que había pasado más tiempo en el seminario de lo que ella llevaba en la tierra. Y ella realmente creía que sabía más que yo. Y se me ocurrió que ¡así debe ser como Dios nos ve! ¡Eso es! Y tuve esta fantasía de ver a Dios con las manos en jarras en sus caderas cósmicas, y diciendo, ¡ellos son tan graciosos! Creen que saben mucho, pero ¿no saben que yo fui el que le dio existencia a este mundo en el principio? ¿No saben que yo creé la vasta expansión del espacio interestelar? ¿No saben que fui yo quien le dijo al viejo Moisés, ve Moisés, ve a la tierra de Egipto y dile al Faraón que deje salir a mi pueblo? ¿No saben que yo soy el autor de la libertad? ¿No saben que soy el creador de la justicia? ¿No saben que soy el Dios del amor? No saben que descendí como Jesús para mostrarles el camino, para mostrarles el camino del amor, para mostrarles el camino a la vida, para enseñarles a vivir juntos! ¡No saben cuánto los amo! ¡Cuánto!

Mis hermanos y hermanas, hermanos míos. tenemos trabajo que hacer. Defiendan el cristianismo, una manera de ser cristianos que se parezca a Jesús de Nazaret. Una manera de ser cristianos que esté arraigada y basada en el amor. Una manera de ser cristianos que no se avergüencen de que les llamen personas de amor. Partan de este lugar, pues, y sean personas del camino. Partan de este lugar y restauren nuestros países! Partan de este lugar y restauren nuestro mundo! Partan de este lugar hasta que corra la justicia! Partan de este lugar hasta que termine la pesadilla ¡Partan de este lugar hasta que se realice el sueño de Dios!. Partan de este lugar y ayúdennos a vivir!

¡Dios los ama! ¡Dios los bendiga! Y PARTAN!

¡Partan! ¡Partan!

Clergy, lay leaders gather to bear witness to gun violence

Tue, 07/10/2018 - 1:05pm

[Episcopal News Service – Austin, Texas] About two dozen clergy and lay leaders gathered the evening of July 9 at the 79thGeneral Convention to bear witness to the gun violence they have experienced in their lives, share their frustration at the inability to curb the death tolls from guns and listen for steps they can take to end gun deaths and injuries.

The gathering, sponsored by Bishops United Against Gun Violence, came a day after Philip and April Schentrup, Episcopalians whose daughter Carmen was one of 17 students and educators killed by a gunman at Parkland, Florida’s, Marjory Stoneman Douglas High School, shared their gut-wrenching testimony with the bishops and several hundred onlookers at Brush Square Park. The Schentrup family was joined on stage by Abigail Zimmerman, a ninth-grader and Episcopalian from Waco, Texas, who co-led a school walkout in March in response to the massacre, urged everyone “to make change happen.”

Full ENS coverage of the 79th meeting of General Convention is available here.

With their chairs arranged in a large circle, participants in the networking session shared whichever comments they wished to make about gun violence. They came from a variety of backgrounds – clergy, social workers, activists, a seminary dean, a retired U.S. Special Forces sergeant, a retired school principal.

Some talked about growing up with guns in their households or shared memories about those they’ve known who have been killed by guns. Others mentioned that they work in rural regions where guns are a way of life. Many were at a loss as to what they could do to put a stop to the violence. A suggestion to repeal the Second Amendment to the U.S. Constitution drew applause from several.

“I can’t say where I’m called to address gun violence, but I can say I want to come to the table,” said the Rev. Michelle Walker, alternate deputy from Northern Indiana.

Connecticut Bishop Ian Douglas shared his experience at serving in a state where gun manufacturing is a major industry. “When I moved to Connecticut, I didn’t realize guns would be so much part of my conversations on both sides,” he said.

He said Connecticut is the original home of the Colt revolver. A parish within his diocese is supported by a Colt endowment, and many parishioners in the Episcopal Church in Connecticut are involved in the gun manufacturing industry, he said. “How do I pastor in that circumstance?” he asked.

As the gathering wrapped up, Douglas encouraged everyone to take steps to end gun violence, whether preaching from the pulpit, writing letters to elected officials, penning pieces for publication or simply witnessing to others about gun violence.

Rebecca Wilson of Canticle Communications, which is helping coordinate the work of Bishops Against Gun Violence, shared several resources for those interested in learning more about ways to prevent gun violence. These include Bishops United Against Gun Violence, Episcopalians Against Gun Violence Facebook page and the Cross Lobby Twitter .

– Mike Patterson is a San Antonio-based freelance writer and correspondent for the Episcopal News Service. He is a member of ENS General Convention reporting team and can be reached at rmp231@gmail.com.

Grain, bread, community

Tue, 07/10/2018 - 1:02pm

The Rev. Elizabeth DeRuff, president and chair of Honoré Farm and Mill, is recruiting new Growers Guild members to expand the network of farmers, millers, bakers and churches who grow, produce and ultimately benefit from heirloom grains. The flour produced from the grain is stone-ground into flour and used to bake communion breads and wafers. Photo: Sharon Tillman/Episcopal News Service

[Episcopal News Service – Austin, Texas] The reasons why bread baked from ancient grains are so much better for the body, and the Body of Christ, are simply that “these are the same grains that Jesus ate,” said the Rev. Elizabeth DeRuff, an agricultural chaplain with the Episcopal Church and founder of Honoré Farm and Mill. “This bread is lifegiving.”

These are the grains attendees to the 79thGeneral Convention in Austin, Texas, are receiving at Eucharist each day. The honey and whole wheat communion bread is baked fresh daily at Easy Tiger Bake Shop and Beer Garden, a 10-minute walk from the convention center. The wheat was grown on local Texas farms and stone-milled into flour at Barton Springs Mill in Dripping Springs, Texas, about 20 miles west of Austin.

Grains grown by Honoré Farm and Mill guild members is baked early every morning into communion bread for the 79th General Convention. Photo: Sharon Tillman/Episcopal News Service

This is the second general convention that has offered Honoré Farm and Mill Growers Guild grain breads.

DeRuff has created a nonprofit, national network called the Growers Guild based in Marin County, California, that she sees as “farming our spiritual values” by “reknitting communities and bringing the church back into a relationship with farmers, millers, and bakers.” The Growers Guild is at the heart of DeRuff’s vision for bringing the ancient grains she and others grow to the communities that Episcopal churches serve.

There is an educational component to DeRuff’s work as well. Honoré Farm and Mill is hosting its inaugural Growers Guild Conference in May 2019. They are inviting “champions” for ancient grains from across the Church to learn how to build their own farming, milling, baking and church community. Each champion will take back what they’ve learned and plant the seeds of the guild in their community.

Children also benefit from DeRuff’s teaching. On Tuesday, July 10, children at convention got a hands-on lesson in heirloom grains and milling at the Honoré booth in the Exhibit Hall. A 750-pound mobile stone mill, custom-built for Honoré Farm, is on the Exhibit Hall floor. It can grind about 50 pounds of flour an hour. The children learned about the growing, milling and baking process; the benefits of ancient grains; and how all of that benefits the earth and environment, according to DeRuff.

Intrigued by heirloom grains, DeRuff started growing ancient varieties in 2011. As an agricultural chaplain, she explores the intersection of food, land and faith, and conducts research, writes, teaches, preaches and consults with congregations around the country. Early on, DeRuff started a program called “Wheat Wednesdays,” an educational program at the Bayside MLK Academy http://www.baysidemlk.org/  in Marin City, California. The after-school program taught the children about farming, sustainability, and nutrition.

Full ENS coverage of the 79th meeting of General Convention is available here.

Building community is a large part of the Honoré mission. The first community planting was at the Bishop’s Ranch, a 63-acre retreat center owned by the Diocese of California in Sonoma County, in 2014. Volunteers plant, and later harvest the wheat that is used to source the flour. The Honoré Growers Guild has since grown to include farmers, millers, bakers and churches in Texas, Kentucky and Western Michigan. Growing the guild is DeRuff’s mission at convention. Guild members produce the flour and other merchandise Honoré sells to support its mission.

A map on the side of the trailer that makes up half of the Honorébooth space is covered in sticky notes with names of churches, farms, and others interested in becoming part of, or learning more about, the guild, and the products they produce. The plan, DeRuff said, “is to GPS the locations” to help document the growth of the guild.

Churches become a guild members by purchasing flour shares. When a church joins the CSA (Community Supported Agriculture), “freshly stone milled flour will be delivered four times a year directly to your church. Heirloom, stone-milled flour is very digestible so people with gluten sensitivity (but not celiac disease) find they can once again enjoy bread. This flour is like nothing you’ve tasted: it’s slightly sweet, nutty and truly a superior flour to commercial flour,” according to the nonprofit’s website https://honoremill.org/new-csa.

Bread and communion wafers made from these ancient grains offer nutritional and environmental benefits. Because the heirloom, 100-percent whole grain flour is organically grown and stone-milled, it retains the nutritional value of all its parts: the germ, endosperm and bran. Grain milled by stone has a low glycemic index, and contains healthy fats, omega-3 fatty acids, gut-healthy bran microbes, and B vitamins, according to DeRuff. Industrial roller milling strips the grain into its three components, and the resulting white flour consists only of the endosperm, where the starch and gluten are.

The current structure of industrial farming, has “decimated the grain market,” said DeRuff, adding that growers use modern, proprietary seeds owned by large agricultural corporations that strip the soil of nutrients and require the use of pesticides. Ancient grains, however, are open-source seeds that promote “seed sovereignty,” have deeper roots that enrich the soil in which they grow, and require less water to flourish.

DeRuff has a 750-pound mobile stone mill on the floor of the Exhibit Hall. She is using it to demonstrate the process of turning the ancient grains the Growers Guild farm into flour. Photo: Sharon Tillman/Episcopal News Service

The practice of farming, stone-milling, baking and offering goods made from these ancient grains, including the Sonora and Turkey Red grains used in the General Convention communion bread, nourishes the body, the soul, and the earth by providing a better-for-you food, building community, and sequestering carbon in the soil, enhancing sustainability.

Honoré Farm and Mill is a nonprofit national network of farmers, millers, bakers and churches. It is named for Honoratus of Amiens or St. Honoré, who is the patron saint of boulangers/bread bakers, communion bread bakers, and flour merchants. He lived in seventh century France and was known as a humble and generous man, always pictured with a baker’s peel.

– Sharon Tillman is a freelance writer for Episcopal News Service.

Regional conference equips Christians for mission and evangelism in South India

Tue, 07/10/2018 - 12:11pm

[Anglican Communion News Service] One hundred delegates from six dioceses in Telangana and Andhra Pradesh have attended a regional missionary conference. During the event, hosted by Dornakal Diocese, the delegates discussed how “to spread and propagate the unconditional love and compassion of Christ through our deeds and words to all,” the Church of South India’s Mission and Evangelism Director, Maxcin John, said. “We are never ever for any religious fundamentalism or extremism. On the other hand, we should stand together for religious harmony, peace, justice and reconciliation in our living context”.

Full article here.

El Pacto es el Primer Paso para Responder al Abuso y la Explotación

Tue, 07/10/2018 - 8:59am

Después de una liturgia de escucha especial el 3 de julio donde se reconoció el movimiento MeToo y de escuchar las historias personales de abuso, acoso y explotación, los/as obispos/as reunidos en la Convención General de la Iglesia Episcopal adoptaron un pacto que los compromete a hacer cambios. El documento, que solo aplica a los obispos, se titula “Un pacto por la práctica de la equidad y la justicia para todos en la Iglesia Episcopal’.

Las historias que fueron leídas por los obispos/as durante la liturgia fueron escogidos de entre más de 40 cartas testimoniales que fueron sometidas. Los nombres e información que pudiera permitir la identificación de las personas fueron eliminados, pero las lecturas y los silencios dentro de la liturgia fueron dramáticos y profundamente incómodos para quienes asistieron. El pacto se entiende como un primer paso en la respuesta de la Iglesia.

La obispa Audrey Scanlan de Pensilvania central dijo durante el debate que hay un plan en marcha para crear un juego de herramientas para ayudar a las diócesis a crear sus propias sesiones de escucha para empezar la dura tarea que es necesaria. “La violencia sexual, la agresión, la explotación y el acoso existen en nuestra iglesia. Pero no podemos dejar que ellos tengan la última palabra”.

Un pacto por la práctica de la equidad y la justicia para todos en la Iglesia Episcopal

Dando gracias a Dios, y escuchando atentamente el reciente clamor que expresa dolor y quebranto en nuestra Iglesia, reconocemos la urgente necesidad de cambio. La Iglesia, tanto comunidad de fe como centro laboral, no es inmune al abuso, el acoso y la explotación de personas de diversas identidades sexuales, raciales y culturales. Como líderes pastorales y proféticos de la Iglesia, asumimos la responsabilidad de continuar la obra de recuperación y transformación que no se ha realizado plenamente aún. Juntos, nos comprometemos en nuestros contextos locales a luchar diariamente para transformar la cultura de nuestra Iglesia en un lugar más justo, seguro, solidario y profético para todos.. Estamos agradecidos por el sólido y esclarecedor memorial dirigido a la Convención General, 2018 por el grupo Gathering the Next Generation, 2016. Buscamos cambiar nuestra vida institucional de ser una que beneficia a unos pocos a expensas de los otros, y vivir más resueltamente nuestros votos bautismales siguiendo el camino de Jesús.

Liderando con mayor conciencia del sueño de Dios, con valor e integridad más profundos, nos proponemos actuar en nuestras culturas y estructuras diocesanas de las formas siguientes:

Reconocer y respetar el poder, tanto oficial como extraoficial, que nos da nuestro cargo, ejerciéndolo con humilde cuidado y en amoroso servicio hacia todo el pueblo de Dios.

Participar en [ejercicios] regulares de autoexamen y procurar enmendar la vida en nuestro uso personal y sistémico del poder [que nos otorga] la autoridad, las relaciones y la posición.

Aumentar nuestra conciencia de las historias que reflejan los prejuicios profundamente arraigados en nuestra estructura, escucharlas y tomarlas en serio.1

Crear una cultura de empoderamiento, dando lugar a un liderazgo basado en la equidad, no en el formulismo.

Dar lugar a prácticas de liderazgo basado en la diversidad cultural y de género, fomentando una idiosincrasia de cooperación y colaboración, explorando y apoyando una amplia gama de modelos de liderazgo.

Eliminar inequidades de salario y beneficio entre todas las personas.

Crear y aplicar normas equitativas de licencia parental.

Utilizar oportunidades formativas para que los comités de búsqueda congregacionales revisen sus prejuicios y tomen decisiones responsables respecto a su elección y el llamado de clérigos a ministrarles.

1

Página de la Amada Comunidad: www.episcopalchurch.org/Beloved-Community, con materiales adicionales sobre prejuicios implícitos que se encuentran en: https://episcopalchurch.org/resources-racial-reconciliation-and-justice

Nesbitt, Rda. Dra. Paula, [Porqué el género es importante] “Why Gender Still Matters” (artículo), en Cast Wide the Net: Search and Transitions Toolkit for Female Clergy. Online compendium of resources, 2015. http://www.episcopalchurch.org/page/cast-wide-net.

Svoboda-Barber, Rda. Dra. Helen, Women Embodying Executive Leadership: A Cohort Model for Episcopal Discernment. Proquest Dissertation Publishing, 2017. #10617039.

Sermón del 5 de julio por el Obispo Presidente Michael Curry – 79.ª Convención General de la Iglesia Episcopal

Tue, 07/10/2018 - 6:26am

Y ahora, en nombre de nuestro amoroso, liberador y vivificante Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.

¡Buenos días, Iglesia Episcopal! ¡Aquí estamos! ¡Aquí estamos! ¡Aquí estamos!

Yo creo que fue el Secretario Barlowe en una de las sesiones introductorias hace algunos meses, una de esas sesiones de orientación hace algunos meses, quien dijo que la temática de la ciudad de Austin era “Que Austin siga siendo insólita” y dijo que tenía plena confianza de que sería capaz de lograr eso. Pues, es estupendo, muy estupendo estar aquí.

Permítanme, si así lo desean, ofrecer una reflexión sobre las palabras de Jesús, las que acaban de oír del capítulo 15 del evangelio de San Juan, lo que sucedió en la Última Cena, no mucho antes de que Jesús mostrara lo que es el amor, dando de sí mismo, llegando a sacrificar el propio ser por el bien y el bienestar de otros.

En la Última Cena Jesús dice: “Yo les doy un nuevo mandamiento”, no una nueva opción, “un nuevo mandamiento yo les doy: que se amen los unos a los otros”. Fue en la Última Cena cuando les demostró lo que era el amor tomando una toalla y lavando los pies de sus discípulos.  En la Última Cena, “como el Padre me ama a mí”, dice, “así los amo a ustedes. Permanezcan, pues, en el amor que les tengo”. Cuándo Jesús sabía que el mundo se vendría abajo, cuando sabía que la incertidumbre y la ambigüedad estaban en el aire, cuando sabía que no estaba seguro de saber, precisamente, lo que vendría más adelante, y todo lo que podía hacer era confiar en el Padre, y dejarlo en las manos del Padre a través de las manos de un imperio. Y es entonces cuando les dijo a ellos lo que nos estaría diciendo a nosotros “Yo soy la vid, y ustedes son las ramas”. No sé si lo escucharon, pero “Yo soy la vid, y ustedes son las ramas”. ¿Lo han escuchado? “Yo soy la vid, y ustedes son las ramas.” ¿Lo escuchan susurrar ustedes, Rama Episcopal del Movimiento de Jesús? “Yo soy la vid y, ustedes son las ramas”. “Permanezcan unidos a mí, y yo unidos a ustedes, pues sin mí” atención a esto, “pues sin mí, no pueden ustedes hacer nada. Pero permanezcan unidos a mí, y darán mucho fruto; y así prueban que son verdaderos discípulos míos”,

Permítanme, si así lo desean, reflexionar sobre esto, el texto del Movimiento de Jesús, utilizando otro texto. A mí me dijeron en el seminario que nunca hiciera eso, pero ya hace casi cuarenta años que salí del seminario. Hay, sin embargo, otra historia de la Biblia, en el evangelio, que realmente puede iluminarnos sobre lo que Jesús estaba sugiriendo aquí. Yo soy la vid y ustedes son las ramas. Permanezcan unidos a mí como yo estoy unido a ustedes. Porque aquellos que permanecen unidos a mí, darán mucho fruto; y prueban que son discípulos míos. ¿Cómo es eso, Señor? Con esto todo el mundo sabrá que ustedes son mis discípulos, no que puedan recitar el pacto bautismal, lo cual es importante, y es importante, no que nos sepamos el Credo Niceno de memoria, o cualquiera que sea la versión con la cláusula que dice “y procede del Hijo”, o sin ella. Esto es importante, pero no lo es todo, no es que nos sepamos el Credo de san Atanasio y el final del Libro de Oración y todos aquellos documentos históricos que sólo los historiadores son los únicos que los leen. No. ¿Cómo entonces sabrá el mundo que ustedes son mis discípulos? Jesús dice que nos amemos los unos a los otros. El amor es el camino. El amor es el único camino. Aquellos que siguen mi camino, siguen el camino del amor incondicional, desinteresado y sacrificado. ¡Y esa clase de amor puede cambiar el mundo! Es esa clase de amor.

Sin embargo, la pregunta es ¿cómo? ¿Cómo lo logramos? Gente joven, el miércoles pasado yo estuve con Presencia Juvenil, que seguro estarán aquí en algún lugar, no sé donde —¿dónde están todos? Oh, ¡ahí están, muy bien, ahí están ellos! Estuvimos hablando sobre esto el miércoles y alguien dijo “¿Cómo seguir a Jesús en el camino del amor en un mundo que es profundamente indiferente?” ¿Cómo lo logramos?  Este mensaje es para ustedes. Déjenme que yo les hable a ellos, y yo quiero que ustedes sean como Sara, la de la Biblia, y escuchen a escondidas en la tienda.

Para eso hay una vieja canción que podría ayudar. Dice:

Tengo mi mano en el arado del Evangelio
No me llevaría nada para el camino
No pierdas de vista el premio
Aguarda, aguarda
No pierdas de vista el premio
Aguarda

Tengo mi mano en el arado del Evangelio
No me llevaría nada para el camino
No pierdas de vista el premio
Aguarda, aguarda
No pierdas de vista el premio
Aguarda

Ahora bien, tengo la impresión de que hay varios pasajes bíblicos detrás de esta canción, pero uno de ellos viene directamente del capítulo 14 del evangelio según san Mateo. Y en el capítulo 14 del evangelio según san Mateo Jesús ha enviado a sus discípulos, por lo menos a algunos de ellos, a que cruzaran el mar.  Y entonces les dice que se suban a la barca y les dice “id vosotros a la otra ribera”. Ese “id vosotros” era la versión de la biblia del Rey Jacobo pero eso fue lo que Él […] “id vosotros a la otra ribera”. Y cuando estaban en aquel peligroso viaje, en el mar de Galilea, en medio de la noche, si lo vemos así, se desata una tormenta y ellos temen por sus vidas, porque están en medio de la noche. Y esta es la noche, sin luz natural. Esta es una noche sin luz artificial. Todo lo que tenían, si es que tenían lámparas en aquella barca, eso era todo. Era LA NOCHE. James Weldon Johnson dijo alguna vez “Más oscuro que una medianoche en una ciénaga de cipreses”. ¡La noche! Y tenían miedo porque ni siquiera podían ver el viento y la lluvia, pero sin embargo podían sentir ¡cómo los zarandeaban de un lado para otro, de un lado para otro!

Y entonces, cuando ya la oscuridad era la más profunda, cuando todo era incierto, Pedro miró hacia la distancia donde pudo ver una figura caminando hacia ellos. Y siguió mirando. Incluso se mantuvo parado en el bote mientras la barca se mecía. Imagínense a los otros tratando de sostenerlo. Y aquella figura seguía acercándose. Y al principio pensó que se trataba de una alucinación. Y luego pudo determinar el rostro. Y era Jesús,  que estaba caminando sobre el agua. Y Pedro, sin ni siquiera pensarlo, dice: “Señor, si eres tú, pide que yo vaya a ti sobre las aguas.” Y Jesús dice: “Entonces, ven, hermano” y Pedro salta del bote y comienza a caminar sobre las aguas, en dirección a Jesús, ¡y realmente lo hizo! Apenas lo vio, dijo “¡Señor!”. Siguió caminando, “¡Señor! ¡Eres Tú!” Pero luego miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en uno de esos momentos cuando uno dice “¡Oh, Dios!”. Y la Escritura dice –Mateo hilvana diestramente esta historia– dice que cuando Pedro observó el viento y las olas y la tormenta a su alrededor, entonces perdió de vista a Jesús y más bien se concentró en la tormenta y ¡AHÍ es cuando empezó a hundirse!

Oh, hermanos míos y hermanas mías, ¡yo creo que aquí hay algo!

¡Tengo mi mano en el arado del Evangelio!
No me llevaría nada para el camino
¡Tan solo no pierdas de vista el premio!
¡Aguarda! ¡Aguarda!

¡No pierdan de vista el premio!
Aguarden.

Oh, ¡seguro que aquí hay algo! Ahora bien, no me voy a extender mucho, voy a llegar a una conclusión…

Sin embargo, hay algo de sabiduría aquí, puesto que en la versión de Mateo quiero que se den cuenta de que la tormenta no cesa. Esta no es una historia acerca de Jesús calmando las aguas. Esto es acerca de Jesús, la tormenta se desata. Aunque si quieren saber cómo comportarse frente a una tormenta, me gustan Rodgers y Hammerstein, [figuras del teatro musical], pero esa probablemente no es la mejor manera de hacerlo. ¿Quieren saber cómo comportarse despreocupadamente en la tormenta? ¡No pierdan de vista el premio! Mantengan la vista fija en Jesús, en sus enseñanzas, en su espíritu, para permanecer unidos a Él, habitar en Él, vivir en Él. Cuando ustedes viven en Él, ¿saben qué? ¡El empezará a vivir en ustedes!

¡Eso es lo que está sucediendo!

Pero lo asombroso acerca de esto es que, sí, Pedro camina sobre el agua –eso es lo que es realmente asombroso. Quiero decir, a mí no me sorprende que Jesús camine sobre el agua. Éso es lo que se supone que tiene que hacer. Quiero decir, Él es el Señor, y eso es lo que yo esperaría que hiciera el Señor. Lo que me sorprende es que Pedro lo haga, y si ustedes analizan ese proceso cuando Pedro lo está haciendo, es cuando Pedro –Dietrich Bonhoeffer– estoy llegando a una conclusión, tranquilos, tranquilos. Cuando Pedro […], Dietrich Bonhoeffer lo dijo cuando escribió un libro titulado “El Costo del Discipulado” y de lo que hablaba, es una exposición del Sermón de la Montaña, Mateo capítulos 5, 6 y 7, cuando Jesús dice cosas como: “Amen ustedes a sus enemigos” y Bonhoeffer dice, lo que yo pienso que está sucediendo es que tenemos a Jesús compartiendo estas enseñanzas acerca de cómo vivir una vida de amor. Pero si se acercan a ellas como si fueran asuntos mecánicos o legalistas, entonces van a tropezar.

Bonhoeffer dice que la clave es no convertir las enseñanzas de Jesús en una nueva ley. La clave está en es arrojarse a los brazos de Dios. Arrójense a los brazos de Jesús. Y será entonces cuando podrían realmente aprender a amar a un enemigo. Por tanto, ustedes orarían por aquellos que los maldicen. Por tanto, sabrían lo que es estar bendecido. Los pobres. Los pobres de espíritu. Los compasivos. Los hace tener hambre de la justicia de Dios.

Arrojarse a los brazos de Jesús.

¡Tengo mi mano en el arado del Evangelio!
No me llevaría nada para el camino
¡No pierdas de vista el premio!
¡Aguarda! ¡Aguarda!

¡No pierdan de vista ese premio!
Aguarden.

Bueno, ahora les voy a pedir que hagan algo.  Yo he sido un episcopal toda mi vida, así que yo sé cómo los episcopales dicen no, simplemente quedándose callados.

Hace ya varios meses que invité a un grupo de episcopales, clérigos, laicos, obispos, apenas un cierto tipo de personas, y entonces les pedí que vinieran y nos reuniéramos, es decir, que vinieran y estuvieran un rato para ayudarme a pensar mediante la oración acerca de cómo ayudar a nuestra Iglesia a que profundizara más en el Movimiento de Jesús, no sólo de palabra, sino de obra, una u otra, pero que sea de veras. ¿Cómo le vamos a ayudar a nuestro prójimo a que se arrojen a los brazos de Jesús? ¿Cómo me vas a ayudar a mí a hacerlo? Porque es que yo sé que cuando lo hacemos, y permanecemos unidos a Él, daremos fruto como nunca lo imaginamos. Pero tengo que admitir que Michael Curry no tenía la respuesta. Todavía no. Sin embargo, ustedes estarán diciendo, ¿qué va a decir entonces para el resto del sermón?

Entonces nos sentamos, nos encontramos en el aeropuerto de Atlanta, ya que era más o menos fácil y un lugar cómodo para estar. Nos encontramos en el aeropuerto de Atlanta y entonces nos enclaustramos, por decirlo así, celebramos la Santa Eucaristía, dijimos nuestras oraciones y nos quedamos ahí. Nada de cenar y brindar en Atlanta. No nos metimos en el bajo mundo de Atlanta. No disfrutamos el conocido pollo frito de Paschal’s, aunque nos hubiera gustado, pero, aun así, no lo hicimos y nos enclaustramos en Atlanta. Simplemente nos quedamos ahí y seguimos discutiendo, y ellos seguían presionándome y así seguimos en esos tira y afloja, hasta que finalmente nos dimos cuenta de que no necesitábamos salir con un nuevo programa para la Iglesia. Ya tenemos programas, nada está mal, pero nosotros no necesitamos un nuevo programa. No necesitamos un nuevo programa. No. No. Nos dimos cuenta de que ¡esperen un momento, no necesitamos hacer nada nuevo!

Jesús lo dijo en el evangelio de Mateo: “Cuando un maestro de la ley se instruye acerca del reino de los cielos, se parece al dueño de una casa, que de lo que tiene guardado sabe sacar cosas nuevas y cosas viejas”. Entonces nos dimos cuenta de que ya tenemos lo que necesitamos en la tradición de la Iglesia que viene de siglos atrás. Durante siglos las comunidades monásticas y las comunidades religiosas y la gente de fe que se han adentrado más hondo en su fe han vivido según lo que ellos llaman una norma de vida. Un conjunto de prácticas espirituales por el cual se comprometen a seguir su vida, prácticas que los ayudan a abrir el alma, a abrir el espíritu, que los ayudaron a encontrar su camino, el camino de arrojarse a los brazos de Dios. Lo han estado haciendo por mucho tiempo. Si no me creen, pregúntenle a san Benito. Lo han estado haciendo por muchísimo tiempo y nosotros nos preguntamos entonces qué pasaría si les pidiéramos a cada uno de los fieles episcopales que adoptara lo que estamos llamando el camino del amor, las prácticas para una vida centrada en Jesús. ¿Qué podría pasar? Y entonces congregamos a varias personas, algunas de las comunidades monásticas nos tendieron una mano, algunos de los eruditos de la teología también nos tendieron una mano. Gente de la que ofrece capacitación en la Iglesia, gente que sabe cómo funcionan las cosas. En fin, tenemos lo que necesitamos. Está ahí en este recinto. Está en la Iglesia. Los juntamos a todos y les pedimos, ayúdennos. Y esto es lo que propusieron. No es un programa. ¿Pero si lo entienden todos? Sáquenlo, sáquenlo. Aquí sale el viejo sacerdote de parroquia que hay en mí. Yo siempre le daba a mi congregación alguna tarea y un volante. ¿Recibieron un volante? ¿Todo el mundo lo recibió? Si lo encontraron, digan “¡Amén!”

Si no pueden, digan “Ayúdame, Señor.” Y observen esa primera [pregunta] que dice “¿Qué estamos buscando?” Buscamos el amor. Porque lo que todos necesitamos es ser amados. Nosotros hemos sido creados por Dios, del cual la Biblia dice que es amor. Nosotros hemos sido creados para ser amados y para amar. Buscamos la libertad. Todo hijo de Dios está destinado a respirar con libertad. Buscamos la vida abundante, no una vida de baratillo, sino algo verdadero. Quizás todo esto se puede resumir cuando decimos que buscamos a Jesús. Buscamos a Jesús. Ellos propusieron algunas palabras, y hay una variedad de cosas en línea para ustedes y debe estar ya publicado, espero que en este momento. Pues sí, algunos están asintiendo con la cabeza, ya está publicado, las fuentes están ya ahí. Todo esto viene de la gente en esta Iglesia. El tesoro ya lo teníamos aquí.

Se pone en marcha. Es un cambio de rumbo. Es decir, viraje, arrepentimiento, una palabra en clave para decir arrepentimiento. Supusimos que íbamos a asustar a todo el mundo si desde el comienzo lo llamáramos arrepentimiento. Pero en realidad es un viraje. El arrepentimiento no se trata de regañarse uno mismo con dureza sino de hacer un viraje de las viejas maneras que no funcionan. de los viejos hábitos y virar, virar, como cuando una flor se gira en la dirección del sol. ¡Cambien de rumbo! Y luego, aprendan. Oh, la Biblia es un gran libro para eso. Yo no sé si será el libro más vendido en la lista del New York Times, pero lo que sí sé es que debiera ser es libro número uno, el más vendido en la Iglesia Episcopal. A todos mis amigos baptistas les recuerdo que nosotros les dimos la versión de la Biblia del Rey Jacobo. ¡Cambien de rumbo! ¡Aprendan! ¡Oren! ¡Rindan culto! ¡Bendigan! Oh, hemos sido bendecidos para ser, a su vez, una bendición. ¿De qué manera pueden ustedes bendecir este mundo? ¿Cómo pueden bendecir a otros? ¡Bendigan! ¡Y luego emprendan! ¡Emprendan! ¡Vayan y hagan discípulos! ¡Vayan y proclamen las buenas nuevas! ¡Vayan y sean mis testigos en Jerusalén, Judea, en Samaria, en la Galilea del siglo primero y en Austin del siglo veintiuno! ¡Emprendan! ¡Y luego, reposen! El descanso del sábado está en Génesis por alguna razón. ¡Reposen! Quiero pedirles que piensen en un compromiso. Quiero pedirles, no solo a ustedes, sino a cada uno de los fieles episcopales a comprometerse a lanzarse a los brazos de Jesús. Y que luego viva la vida a partir de eso. Y estas herramientas pueden ayudarlos. Claro, alguien se estará preguntando ¿funcionará esto? No estamos lejos de California, y ya sabemos que ellos ponen a prueba todo en el llamado Silicon Valley. Que el Obispo de El Camino Real, el Obispo de California se den cuenta de lo que estoy hablando, de que todo tiene que ponerse a prueba. Y me alegro que hayan hecho esa pregunta, puesto que ya la veía venir. Puesto que, la verdad sea dicha, esto funciona. Ya ha sido puesta a prueba en el terreno. ¿No me creen acaso? Pues, lean los Salmos de David. En los Salmos de David, el salmista dice: “en la mañana, al mediodía y en la noche ofrezco mis oraciones a ti”. Esta es una norma de vida. Es un marco con tiempos y lugares y una manera de orar. ¿Acaso no cree, no cree en los Salmos de David? entonces vaya al Nuevo Testamento. San Pablo. Aunque claro, yo conozco personas que tienen sus reservas con san Pablo, pero a mí no me preocupa eso, como solía decir mi abuela: “San Pablo era como un predicador cualquiera. Tenía unos sermones muy buenos y otros no tan buenos. El problema es que los pusieron todos en la Biblia.” Oh, he ahí el problema. Así es. Pero déjenme contarles algo. Pablo estaba pasando por un buen momento en Primera de Corintios, capítulo 9, cuando dice que se entrena a sí mismo como un atleta. Entrena su espíritu como un atleta, como un gran músico. Se entrena a sí mismo practicando. Alguien me preguntó ¿cómo vive usted una vida sacrificada y amorosa? Bueno, supongo que es de la misma manera que lo hace un socorrista, un bombero. Ellos han practicado. Ellos han practicado para salvar vidas. Y cuando llega ese momento, se trata de instinto. Las prácticas espirituales son la manera como practicamos para cuando llegue ese momento y el Espíritu se mueve a través de nosotros.

Si todavía no me creen, con este tema ahora realmente me voy a sentar. Espero no haber hecho un desbarajuste con el horario del Secretario, quien está por allá atrás, y no puede hablar. No me puede parar. En 1963, en Birmingham, Alabama, la gente de mi madre proviene de Alabama. La gente de mi padre proviene de Alabama. Alrededor, no lejos de Birmingham en 1963, Birmingham era una ciudad que no era entonces lo que conocemos, y estamos agradecidos de ver, hoy día. Es una ciudad diferente. En 1963, el sheriff de Birmingham era un hombre llamado Bull Connor. Creo que debió haber sido un episcopal, pero no voy a investigar demasiado en el asunto. Bull Connor, es decir, Birmingham estaba tan segregada hasta donde ya no podía ser más segregada. Birmingham era vista como uno de los lugares más incorregibles en todo el sur. La Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano determinó que tenían que adoptar una postura de resistencia en Birmingham con el fin de transformar el sur y eventualmente todo el país.

De esta manera, el Dr. King y otros fueron a Birmingham y fueron a Alabama. La Alabama que conocemos hoy no es lo que era entonces Alabama. Alabama, Birmingham, Iglesia Baptista de la Calle 16, mi tía Callie enseñaba en la escuela dominical de esa iglesia, en 1963. En aquel año, cuatro niñas que hubieran crecido hasta llegar a tener mi edad fueron asesinadas en la escuela dominical cuando una bomba que había plantado un miembro del Klan explotó en la iglesia. En Birmingham, en 1963, cuando la gente joven marchaba, los rociaron con agua de las mangueras contra incendios y los perros pastor alemán los atacaron bajo la dirección de la policía. Birmingham, Selma, puente Edmund Pettus. Uno de los nuestros, Jonathan Daniels, entregó su vida en Alabama. La Alabama de hoy no es la misma de ayer porque alguien estuvo dispuesto a amar incondicional, desinteresada y sacrificadamente. Y todos ellos eran negros y blancos. Eran protestantes, católicos, judíos y musulmanes. Eran el pueblo de Dios y de buena voluntad.

Como parte de su preparación para la protesta no violenta, el Dr. King elaboró una serie de prácticas, una especie de norma de vida. He aquí parte de lo que dijo: “Recuerden, el movimiento de la no violencia busca justicia y reconciliación, no simplemente victoria. Recuerden, siempre caminen y hablen con amor, puesto que Dios es amor. Recuerden, oren todos los días para ser instrumentos de Dios. Recuerden, sacrifiquen sus deseos personales para que todos puedan ser libres. Recuerden, observen tanto con los amigos como con los adversarios, las normas comunes y usuales de cortesía. Recuerden, presten servicios a los demás y para el mundo. Recuerden, absténganse de la violencia del puño y de la violencia del espíritu. Recuerden, esmérense por estar en buena salud física y espiritual”.  Pero la primera norma en la lista que él repetía una y otra vez era esta: “Antes de salir a marchar, antes de protestar, antes de hacer cualquier cosa, mediten en la vida y en las enseñanzas de Jesús”. Hermanos míos y hermanas mías, estoy pidiendo que nosotros como Iglesia Episcopal, no, estoy pidiendo que nosotros como individuos episcopales, pidiendo que nosotros como la Rama Episcopal del Movimiento de Jesús, que antes de comenzar el día, meditemos en la vida y enseñanzas de Jesús. Estoy pidiéndoles que se comprometan a eso. Y nadie va a saberlo, sino ustedes y Dios, pero les estoy pidiendo que se comprometan a eso. Antes de salir a marchar, y mientras estemos aquí en la Convención, antes de que se pongan en pie para hablar ante el micrófono, mediten en la vida y enseñanzas de Jesús. Ahora ya me están siguiendo. Bien. Bien. Están conmigo ahora. Antes de que vayan al dispensador de agua y empiecen a susurrarle algo a alguien al oído, ¡mediten en la vida y enseñanzas de Jesús! Cuando nos vayamos de esta Convención, meditemos en la vida y las enseñanzas de Jesús. Cuando vengamos aquí a adorar, meditemos en la vida y las enseñanzas de Jesús. Cuando salgamos al Centro de Detención Hutton, meditemos en la vida y las enseñanzas de Jesús. Cuando nos unamos a los Obispos Unidos contra la Violencia con Armas de Fuego, meditemos en la vida y las enseñanzas de Jesús. Iglesia Episcopal, únase a mí y meditemos en la vida y enseñanzas de Jesús. Arrojémosnos en Él, y dejemos que Jesús asuma el control.

Yo amo a esta Iglesia. Yo nací y fui criado en ella. Bautizado en el octavo día, no sé qué día era, pero, de todas maneras, fui bautizado como infante de acuerdo con el Libro de Oración Común de 1928. ¡Señor, ten piedad! Mi fajero era esa bandera episcopal. Yo amo a esta Iglesia y la amo porque yo aprendí sobre Jesús, de la cabeza a los pies, en esta Iglesia. Y yo lo sé y lo creo que nosotros en esta Iglesia podemos ayudarle a la cristiandad a recuperar su alma y volver a centrar su vida en el camino del amor, el camino de la cruz, que es el camino de Jesús.

De manera, pues, que Dios los ama. Dios los bendice. Tan solo arrójense en los brazos de Jesús y dejen que esas manos y brazos todopoderosos de amor los levanten.

¡Tengo mi mano en el arado del Evangelio!
No me llevaría nada para el camino
¡No pierdan de vista el premio!
¡Aguarden! ¡Aguarden!
¡No pierdan de vista el premio!
¡Aguarden!

El Centro Mediático (Media Hub) conecta al mundo con la Convención General de la Iglesia Episcopal del 2018

Tue, 07/10/2018 - 6:23am

Seguir la acción aquí.

June 28, 2018

El Centro de Mediático 2018 de la 79.ª Convención General de la Iglesia Episcopal inaugurado a principios de esta semana, ofrece a todos, ya sea en casa o si están presentes en el evento, acceso gratuito a transmisiones en vivo y cobertura por pedido (on demand) de servicios diarios, sesiones legislativas de la Cámara de Obispos y la Cámara de Diputados, así como también informes de los medios de comunicación y otros eventos destacados. La cobertura en vivo comienza el 4 de julio de 2018.

Nuevo en esta Convención General tenemos el programa Adentro de la Convención General. Esta transmisión de noticias diarias comienza el 4 de julio y se ofrecerá en el Centro de Comunicaciones a las 6:30 p.m. Hora Central (en español) y 4:30 p.m. Hora Central (en inglés) hasta el 13 de julio. También nuevas son las Conversaciones TEC.

Cada conversación se centra en una de las tres prioridades de la convención:  reconciliación racial, evangelismo y cuidado de la creación. Las Conversaciones TEC se llevan a cabo durante una sesión conjunta de la Cámara de Obispos y la Cámara de Diputados y presentan oradores, videos, música y oportunidades para la participación de grupos pequeños. Las Conversaciones TEC se transmitirán en vivo; los participantes que no estén en el Centro de Convenciones tendrán acceso a material de apoyo y podrán participar en la conversación en curso a través de las redes sociales.

La transmisión en vivo del servicio de adoración, las sesiones legislativas de ambas Cámaras y las Conversaciones TEC también se ofrecerán en español.

Otros puntos destacados del programa:

•           La Cámara de Obispos está invitando a los episcopales a una “Liturgia de escuchar”. La sesión del 4 de julio, prevista para llevarse a cabo de 5:15 a 7 p.m. Hora Central en el espacio de adoración establecido en el Centro de Convenciones de Austin, ha sido descrito como “un espacio sagrado para escuchar y lograr una mayor reconciliación”.

•           Y, un Avivamiento Episcopal está llegando a Austin. “En toda la iglesia, la gente dice que quiere ser revivida para poder servir al Movimiento de Jesús”, comparte la Reverenda Stephanie Spellers, Canóniga, al Obispo Presidente para el Evangelismo, la Reconciliación y la Mayordomía. Las personas con curiosidad acerca de los avivamientos episcopales están invitados a participar a través de la transmisión en vivo del Servicio de Avivamiento programado durante la Convención General (el sábado 7 de julio a las 5:30 p.m. Hora Central en el Palmer Center).

El Centro de Comunicaciones está disponible aquí.

La 79.ª Convención General de la Iglesia Episcopal se llevará a cabo del 5 al 13 de julio en el Centro de Convenciones de Austin; en Austin, Texas (Diócesis Episcopal de Texas). La Convención General de la Iglesia Episcopal se celebra cada tres años para deliberar los asuntos legislativos de la Iglesia. La Convención General es el organismo bicameral que gobierna la Iglesia, compuesta de la Cámara de los Obispos, con más de 200 obispos activos y jubilados, y la Cámara de Diputados, con más de 800 diputados clérigos y laicos electos, provenientes de las 108 diócesis y tres zonas regionales de la Iglesia.

El Centro Mediático tiene diferentes ofertas para seguir toda la acción:

Transmisión en vivo y por pedido (on demand) a las sesiones legislativas de la Cámara de Obispos y la Cámara de Diputados (proporcionadas en inglés y español).

Acceso a la transmisión en vivo y por pedido al culto diario (en inglés y español).

Transmisión en vivo y por pedido a Inside General Convention y Adentro de la Convención General(proporcionadas en inglés y español).

Transmisión en vivo y por pedido a las tres Conversaciones TEC (proporcionadas en inglés y español).

Una lista completa de eventos diarios

Sesiones informativas para los medios

Titulares del Servicio Episcopal de Noticias

Enlace al rastreador legislativo

Acceso a los tweets en Twitter sobre #GC79

Videos destacando la misión y el ministerio de la Iglesia Episcopal

Recursos de la Iglesia Episcopal para todos los episcopales

Enlaces a sitios de Internet relacionados con la Convención

El Centro de Comunicaciones está disponible en versión móvil para Android o Apple.

Deputies back plan to end financial complicity in Israel’s occupation of Palestinian lands

Mon, 07/09/2018 - 8:05pm

The Rev. Brian Grieves, deputy from the Diocese of Hawaii, speaks in favor of the resolution he proposed about ending the church’s complicity in the Israeli occupation. “Palestinian lives matter.” The Rev. Hillary Raining, deputy from Pennsylvania, speaks against Resolution D019 during the special order of business on Israel-Palestine in the House of Deputies on July 9. Photo: David Paulsen/Episcopal News Service

[Episcopal News Service – Austin, Texas] The House of Deputies on July 9 voted overwhelmingly in favor of pursuing what is known as a human rights investment screen to end the Episcopal Church’s complicity in Israel’s occupation of Palestinian territories, a move that critics call divestment and one they warn will diminish rather than amplify the church’s voice in the region.

Resolution D019 also raised concerns from critics that the church was taking sides in the decades-old Middle East conflict and possibly opening itself up to claims of anti-Semitism, though floor amendments to the resolution sought to minimize those concerns.

In the end, a measure that in 2015 failed even to get a floor debate in the House of Deputies, now sails to the House of Bishops backed by the deputies’ 619-214 vote, or 74 percent. Many voiced an increased sense of urgency in responding to the rapid deterioration of the Mideast peace process and the escalating humanitarian crisis affecting Palestinians.

“Occupation is bad both for the oppressed and the oppressor,” said the Rev. Brian Grieves, a deputy from the Diocese of Hawaii and a member of the Stewardship & Socially Responsible Investing Committee, during the house debate on the resolution he proposed. “We as a church are complicit in this occupation. We have money invested in it.

“Let this be finally the convention where we say we will no longer allow our financial resource to enable this brutal occupation. … Palestinian lives matter.”

The difference between 2015 and this year has been a common theme at the 79th General Convention when discussing resolutions related to Israel and Palestine. Before this convention Presiding Bishop Michael Curry and the Rev. Gay Clark Jennings, House of Deputies president, accepted a task force’s recommendations intended to expedite the process and ensure a full, open and productive debate on the issues after complaints about the process three years ago.

By most accounts, the process this year succeeded. Nearly 50 people testified on 15 resolutions at a joint hearing July 6. The House of Deputies was chosen as the house of initial action for all Israel-Palestine resolutions, and Resolution D019, deemed the most controversial, was scheduled for a special order of business to ensure debate didn’t get sidetracked by procedural matters.

Sarah Lawton, deputy from California and chair of the Social Justice and International Policy Committee, alluded to these changes in her opening remarks on the resolution before debate began.

“Last time we didn’t really debate this issue because the resolution failed in the House of Bishops, which was the house of initial action [in 2015],” she said.

The Episcopal Church has long voiced support for Israel’s right to exist and live in peace, as well as opposition to Israel’s occupation of Palestinian territories. Lawton listed some of the reasons why the past three years since the last General Convention have added a “sense of urgency” to the debate over treatment of Palestinians: Gaza, described as the world’s “largest open-air prison,” has faced deadly aerial attacks by Israel’s military, Lawton said, and Israeli forces have engaged in a disproportionate live-fire response to border unrest that violates international norms. Palestinian children have been taken from their parents and detained in deplorable conditions.

Many of those complaints were echoed in the impassioned testimony at the committee hearing, which drew people of a wide range of faith backgrounds, including Christians, Muslims and Jews.

“These concerns are addressed in our other resolutions, but they form some of the context for this one,” Lawton said.

And while most of the other Israel-Palestine resolutions were assigned to the consent calendar to be approved without further discussion, D019 produced robust debate in the House of Deputies during the 80 minutes or so between introduction and passage. A full half hour was set aside for debate on the resolution itself, with additional time allotted for debate on amendments, according to the rules of the special order of business.

The Rev. Winnie Varghese, deputy from New York, spoke about the Episcopal Church’s long history of socially responsible investing and its decision to withhold investments from certain industries, such as the tobacco and prison industries. Aligning investments with values is now a mainstream practice, she said.

“We are able to do this work,” she said in arguing for the resolution’s passage. “It is selective. It is supportive of our brothers and sisters in Israel and Palestine working for a just peace.”

The Rev. Susan Haynes, deputy with Northern Indiana, also applauded those who are working for peace, but she spoke against Resolution D019.

“I admire the work that people do when they advocate for Palestinians in the Holy Land when their rights are violated by the Israeli army, and I admire the work done by the Episcopal Diocese of Jerusalem who serve people in the occupation under very difficult circumstances,” Haynes said. “But I cannot wholeheartedly support this [resolution] because it is one-sided. Human rights screening is divestment in Israel, and divestment destroys any chance of reconciliation.”

The Rev. Candice Frasier, deputy from Alabama, took exception to claims of one-sidedness.

“This resolution is not anti-Israel or even one-sided, though it might be one-sided if we consider, with our investments, our church has taken a side,” Frasier said. “How can we play a role in peacemaking when we are already invested in the oppression of a people?”

The Episcopal Church already pursues socially responsible investing in Israel through shareholder resolutions with companies that have contracts to support Israel’s infrastructure, such as construction equipment manufacturer Caterpillar and telecommunications company Motorola. The threat of divestment is seen by proponents as one way to apply greater pressure on those companies to take a stand against human rights violations, but not everyone agrees with that tactic.

The Rev. Hillary Raining, deputy from Pennsylvania, speaks against Resolution D019 during the special order of business on Israel-Palestine in the House of Deputies on July 9. Photo: David Paulsen/Episcopal News Service

“If the Episcopal church is going to play any role in this, we need to engage with both sides, not to divest, not to boycott,” said the Rev. Hillary Raining, deputy from Pennsylvania. “Boycotting and divesting from them will only close the channels of communication.”

Frasier countered that “it is through our pocketbooks” that the church can make a difference, and the Rev. David Ota of the Diocese of California said he saw the Palestinian cause through the lens of his Japanese heritage and Japanese-Americans’ suffering during the U.S. policy of internment during World War II.

“When I think about this issue, when I see Palestinians behind walls, I see Jesus and I see my family and I see our church,” he said, and he closed with a reference to the massive prayer vigil attended July 8 by the bishops and deputies outside an immigrant detention center not far from Austin. “The policy of a human right screen is trying to … free the people from destruction and to help us as a church stand with them, just as we stood at the detention center yesterday.”

Three amendments were approved before the final vote. One, proposed by the Rev. Gail Bennett of New Jersey, expedites a potential human rights screen by making those recommendations due by 2019 instead of 2020. A second amendment, proposed by the Rev. Wesley Sedlacek of Oregon, added a clause seeking to make clear the resolution is not critical of the Jewish faith tradition but rather advocates change in policies of a government, Israel.

And the House of Deputies, by a slim margin, approved an amendment from William Boyce of Massachusetts to “urge dioceses and worshipping communities to consider developing similar human rights social criteria investment screens in response to the Israel-Palestine crisis.”

The results of the Resolution D019 vote are shown on the screen at the front of the House of Deputies. Photo: David Paulsen/Episcopal News Service

With amendments done, Jennings called for the vote on the resolution, which passed without further comment.

It wasn’t immediately clear when the House of Bishops will take up the resolution. Another resolution, B003, relating to the status of Jerusalem is on the bishop’s consent calendar for July 10. At least six other Israel-Palestine resolutions are on the House of Deputies’ consent calendar for the same day.

If any or all of the resolutions clear both houses, the work of advocacy in Washington, D.C., on behalf of the church will fall to the Office of Government Relations.

“We look forward to implementing the guidance of General Convention, and we plan to continue our advocacy in pursuit of a just peace in the Holy Land,” Office of Government Relations Director Rebecca Linder Blachly said in an email to Episcopal News Service. “In the Office of Government Relations, we work closely with ecumenical and interfaith partners on advocacy, recognizing many of us have a diversity of views on particular issues.

“Whatever convention decides, we expect to remain a strong partner and advocate in Washington to support a peaceful resolution to the conflict.”

– David Paulsen is an editor and reporter for the Episcopal News Service. He can be reached at dpaulsen@episcopalchurch.org.

Prayer books, Bibles, crucifixes – and juniper ash

Mon, 07/09/2018 - 6:38pm

Paula Elmore, left, assists Alice Holinger, deputy from Alaska, as she shops for Navajoland products. Photo: Mike Patterson/Episcopal News Service

[Episcopal News Service – Austin, Texas] Stroll the corridors of the sprawling exhibits hall at the 79thGeneral Convention here and you’ll find nativity sets, crucifixes, prayer books, Bibles, spiritual treatises, scarves made in Jerusalem, teddy bears, promotions for trips to the Holy Land, Episcopal flip-flops (really), neckties, coffee mugs, T-shirts – and juniper ash.

Paula Elmore of Shima’ of Navajoland. Photo: Mike Patterson/Episcopal News Service

Juniper ash?

“Our ancestors didn’t have cows,” explained Paula Elmore, a Navajo and Episcopalian from Fort Defiance, Arizona. “They told us to burn ash, sift it and mix it with blue corn meal to make mush or cornbread. That’s where we got our calcium.”

(Juniper is a coniferous tree with leaves like needles and tiny cones like berries. One teaspoon of ash from juniper leaves equals the calcium found in one glass of milk.)

Elmore is affiliated with Shima’ of Navajoland, a social enterprise of the Episcopal Church of Navajoland. “Our honey makes you buzz with joy” promises a sign welcoming visitors to the Shima’ booth in the exhibits hall.

Their honey is organic, Elmore said, and comes “right from the hives.” Sometimes it also comes with a bee, but that’s picked out before it ends up in a honey jar.

If juniper ash isn’t your cup of tea, Shima’ also offers varieties of soap, including a prickly pear variety, sunflower seeds, and pinion cones, complete with sap. “Put them in your fireplace and it will smell like a pine tree,” Elmore said.

Speaking of tea, if a bishop or deputy suffers from a headache or upset tummy, they can try Navajo tea. “Our ancestors used it like aspirin or for a stomachache,” Elmore explained. It’s made from a plant (Thelesperma) that grows wild in Navajoland and “tastes a little earthy. We use the entire plant, from the root to the flower.”

Full ENS coverage of the 79th meeting of General Convention is available here.

Shima’ of Navajoland is part of the Good Shepherd Mission and Episcopal Church in Navajoland, a region that stretches over 27,000 square miles in the Four Corners region of the American Southwest.

Based at Fort Defiance, Good Shepherd was originally started as a medical mission to the Navajos in the 1880s. Today, it encompasses 50 acres, a large organic/permaculture garden incorporating Navajo techniques and a dozen buildings that serve as a retreat center and destination for mission trips.

The mission also includes two far-flung outlying parishes in Coalmine, New Mexico, and Many Farms, Arizona. Although the Navajo Reservation has a population of more than 350,000, only about 1,000 are Episcopalians.

“We are Navajo farmers, soap makers, herb gatherers, medicine men and women,” according to Shima’s website. “We take the best of our ancient traditions and create hozho’ (beauty and harmony) through our farm and wild-gathered products.”

Elmore has done a bit of everything herself. “Beekeeper, soap maker, I’ve planted herbs and ground the blue corn,” she said.

Earth-based products aren’t the only items Elmore features from Navajoland.

Navajo women gather to craft colorful hand-made stoles. Elmore says she’s done a brisk business selling them to clergy. She also has hand-made silver crucifixes, an earring and bracelet set adorned with beads, and delicate necklaces decorated with tiny hummingbirds.

Shima’ says it adheres to the principles of social justice and environmental sustainability: “The way we farm, gather, create and live is to protect the precious: to protect our children, our water, our land and our sacred way of life.”

Patricia Worthington of Cave Creek, Arizona, has been visiting Navajoland on mission trips for 11 years but about nine months ago started mentoring Shima’ to help develop its business.

Worthington urges churches to consider purchasing Shima’ products to sell in their gift shops, holiday bazaars or church coffee shops. “It’s a win, win, win situation,” she explained. “You get a good product, you’re helping support Navajoland and your profits can help fund your own outreach programs,” she said.

Don’t know what to order for your church?  Contact Shima’ and “we’ll walk them through the ordering process,” she said. “We don’t want churches to over order.”

The word shima’ conveys the concept that it “is our mother, the earth created in beauty,” or hozho’, and “infuses all of life with blessing.”

– Mike Patterson is a San Antonio-based freelance writer and correspondent for the Episcopal News Service. He is a member of ENS General Convention reporting team and can be reached at rmp231@gmail.com.

General Convention moves one step closer toward sacramental marriage equality

Mon, 07/09/2018 - 5:56pm

California Deputy Christopher Hayes explains his floor amendment to Resolution B012 during debate on July 9. Hayes is wearing purple in honor of Purple Scarf Day, calling for more women in the episcopate. Photo: Mary Frances Schjonberg/ Episcopal News Service

[Episcopal News Service – Austin, Texas] The House of Deputies overwhelming endorsed a heavily amended resolution July 9 aimed at ensuring that all Episcopalians can be married by their priests in their home churches.

Resolution B012, a carefully crafted compromise that its final proposers hope will be accepted by both houses of convention, gives full access to two trial-use marriage rites for same-sex and opposite-sex couples approved by the 2015 meeting of General Convention (via Resolution A054).

The deputies voted by orders and the results were:

* Clergy: 96 yes, 10 no, 4 divided
* Lay: 97 yes, 8 no, 5 divided.

Fifty-six votes in each order were required for passage. Divided votes are recorded when the clergy or lay members of a deputation split their votes between yes and no.

The resolution, as passed by deputies, provides for:

  • giving rectors or clergy in charge of a congregation the ability to provide access to the trial-use of the marriage rites for same-sex and opposite-sex couples. Resolution A054-2015 and the original version of B012 said that clergy could only use the rites under the direction of their bishop.
  • requiring that if a bishop “holds a theological position that does not embrace marriage for same-sex couples” he or she may another bishop, if necessary, to provide “pastoral support” to any couple desiring to use the rites, as well as to the clergy member and congregation involved. In any case, an outside bishop must be asked to take requests for remarriage if either member of the couple is divorced to fulfill a canonical requirement that applies to opposite-sex couples.
  • continuing trial use of the rites until the completion of the next comprehensive revision of the Book of Common Prayer.

A House of Deputies page collects the written version of the Diocese of Southern Virginia’s vote by orders on Resolution B012. During votes by orders deputies vote on paper ballots, deputations calculate the results and then cast the deputation’s vote electronically. Photo: Mary Frances Schjonberg/ Episcopal News Service

The resolution also eliminated the original B012’s call for a “Task Force on Communion across Difference.” Formation of such a group is now being proposed in a new resolution, A227.

California Deputy Christopher Hayes, whose floor amendment formed the basis of the version of B012 that the house adopted, told the deputies during debate that he led an effort to craft a compromise that provides equal access to the marriage rites while protecting the conscience of those who object to same-sex marriage. In addition, he said, the amendment makes clear that the canonical authority to use the liturgies rests with the rector or other clergy in charge of a congregation.

“Our tradition had long recognized that the rector has the authority to use any liturgy authorized by General Convention,” he said.

Hayes suggested that convention could do nothing less but honor both the consciences of those bishops who refuse to approve use of the rites “and the needs of same-sex couples for an equal place in this church.”

Debate on the resolution, which spread over two days, was at times passionate and at others sober.

The Rev. Calvin Sanborn, deputy from Maine, told the house July 8 that he has performed many marriages in the last three years, many of them for same-sex couples. Some were young people “just beginning their journey together,” and he has solemnized the marriages of “many, many couples who have been together for decades and are finally able to have their loving relationships affirmed by the church.”

“These are not just parishioners who came to the church to be married in a beautiful place and then simply disappear, as is often the case in a coastal Maine church,” he said. “These are faithful couples who have not only committed their lives to each other, but also to Christ and to the work of God in the world.”

Sanborn said he supported B012 as a compromise, although he longs for a time when marriage for same-sex couples will be included in the Book of Common Prayer and “no longer be second class.”

Full ENS coverage of the 79th meeting of General Convention is available here.

The Rev. Susan Russell, Los Angeles deputy and long-time leader in the effort for full inclusion of LGBTQ people in the life of the church, supported B012 because it “will move us beyond the seemingly intractable challenge of living together as a church where the sacrament of marriage has been authorized for all couples in the Episcopal Church is irreconcilable with the theological consciences of some members of the Episcopal Church.”

Russell told the deputies that they should be clear that the resolution contains “costly compromises that come with very real pain.” Some will be pained by a resolution she said falls short of giving “full and equal claim” to all the sacraments to baptized LBGTQ persons. Others will “experience this action as a bridge too far away.” The question the convention faces, she said, is “whether the gift of walking together into God’s future as members of the Episcopal branch of the Jesus Movement is worth the painful compromises we are mutually being asked to bear.”

The next speaker, Dallas Deputy William Murchison, vehemently disagreed, saying the convention was being asked to “throw out a historic Christian understanding and supplant it with a new one, untested, unproved, but now, all of the sudden, necessary to be believed and practiced.”

Murchison said despite “all this cloudy talk of love … you don’t achieve love with a hammer, you don’t achieve love with a club. You achieve it with open arms and open heart and open minds.”  Assuming no one else is right and that it’s “my way or the highway” is “not Christian, it’s not even Episcopalian.”

Albany Deputy Mary Jones tell the House of Deputies July 9 that Resolution B012 will divide the church. Photo: Mary Frances Schjonberg/ Episcopal News Service

Deputy Mary Jones of Albany agreed, saying that such a compromise was, indeed, too much “and would not serve our church well.” Passing B012 will “ultimately lead us to division” because of its underlying difference in the interpretation of Scripture.

B012 began in response to Resolution A085 from General Convention’s Task Force on the Study of Marriage, proposed in part to find a way for Episcopalians in eight dioceses of the church’s 101 domestic dioceses in which the diocesan bishop refuses to authorize their use.

A085 would have required bishops to make provision for all couples asking to be married to have “reasonable and convenient access” to the two trial-use marriage rites. However, A085 would also add the two trial-use marriage rites to the Book of Common Prayer and amend the prayer book’s other marriage rites, prefaces and sections of the Catechism to make language gender neutral. That change was a sticking point for many,

Five Province IX diocesan bishops and one retired bishop objected, and warned the task force in a statement that if convention makes changes about marriage that would force them “to accept social and cultural practices that have no biblical basis or acceptance in Christian worship,” the action would “greatly deepen the breach, the division and the Ninth Province will have to learn to walk alone.” The bishops of Colombia and Puerto Rico, also dioceses in Province IX, did not sign the statement.

T[he version of the statement sent to the task force included the names of the bishops who were representing the dioceses of Ecuador Littoral, Ecuador Central, the Dominican Republic, Venezuela and Honduras. However, since then Victor Scantlebury, the acting bishop of Ecuador Central, has said he did not sign the statement.]

Long Island Bishop Lawrence Provenzano, together with Pittsburgh Bishop Dorsey McConnell and Rhode Island Bishop Nicholas Knisely, proposed B012 the week before convention as an alternative.

The original B012 would have continued trial use of the two trial-use marriage rites without a time limit and without seeking a revision of the prayer book. The resolution proposed that access to the liturgies be provided for in all dioceses. However, in dioceses in which the bishop will not authorize the rights, congregations wishing to use them could request and would receive Delegated Episcopal Pastoral Oversight (DEPO) from another bishop of the church who would provide access to the liturgies.

The pastoral oversight called for in the amended B012 is not DEPO, according to Hayes. The DEPO process, which is not part of the canons of the church, is meant only for congregations whose relationship with the bishop is broken on all levels. Not all congregations wishing to use the rites are in that level of conflict with their bishop, he said.

After two hearings on A085 and B012 on July 5, the committee crafted a new version of the latter resolution. It was that version that Hayes moved to amend to clarify several points.

– The Rev. Mary Frances Schjonberg is the Episcopal News Service’s senior editor and reporter.

Anti-death penalty resolution builds on church’s advocacy in wake of Arkansas executions

Mon, 07/09/2018 - 5:56pm

The Rev. Allison Liles, executive director of Episcopal Peace Fellowship, testifies July 9 in favor of an anti-death penalty resolution before General Convention’s domestic policy committee at the JW Marriott hotel.

[Episcopal News Service – Austin, Texas] Arkansas’ decision to schedule eight executions in 10 days last year drew intense national scrutiny, sparked a sudden re-examination of the death penalty and served as a catalyst to a resolution before the 79th General Convention seeking to build on the Episcopal Church’s longtime advocacy on the issue.

Resolution D077 was submitted by the Rev. Bob Davidson, a deputy from Colorado and national chair of the Episcopal Peace Fellowship. It reaffirms the church’s position in favor of abolishing the death penalty, calls for all death row inmates’ sentences to be reduced, orders letters to that effect be sent to all governors of states where the death penalty is legal and enlists bishops in those states to take up greater advocacy.

Davidson, a member of the Social Justice and United States Policy Committee, testified in favor of his resolution at the committee’s open hearing on July 9. He noted the Episcopal Church first took a stand in favor of abolishing the death penalty in 1958.

“The Episcopal Peace Fellowship has continued to maintain this as one of its strongest priorities, carrying the banner of the dignity and sanctity of life for all persons,” Davidson said. “This resolution gives teeth” to past General Convention resolutions.

Davidson, in an interview with Episcopal News Service after the meeting, explained how the resolution developed in reaction to the Arkansas executions of April 2017. Episcopal Peace Fellowship was part of a network of faith-based organizations and activists at the local level that mobilized prayer vigils, social media campaigns and demonstrations in response to those executions.

Only four of the eight scheduled executions were carried out, though the explanation to Resolution D077 notes the death penalty remains legal in 31 states and more than 3,000 inmates are awaiting execution in the United States.

Davidson told ENS this issue overlaps with the Episcopal Church’s work on racial reconciliation, given the disproportionate number of prisoners who are black men.

“There’s no more glaring symbol of racism in our country than to look on death row and just look at the executions of black men in our country,” Davidson said.

The Rev. Allison Liles, executive director of Episcopal Peace Fellowship, also spoke in favor of the resolution at the open hearing on July 9, emphasizing cases of death row exonerations and singling out General Convention’s host state of Texas. The state has executed 552 people since the death penalty was reinstated by the Supreme Court in 1976, far more than any other state, according to the Death Penalty Information Center.

Liles also noted how this resolution goes beyond prior resolutions on the issue to direct the secretary of General Convention to send letters to the governors of death penalty states specifically seeking sentence reductions of those condemned to death or case reviews for possible exonerations.

“We as human beings are more than our worst sin. We as human beings are capable of redemption,” Liles said. “The death penalty is failed, ineffective, it’s expensive and it’s a policy that’s defined by racial and economic bias.

“We’ve been speaking out against it for 60 years, and now we need to speak on behalf of the people who are living on death row and encourage the governors to commute their sentences to life in prison.”

Marti Hunt, a deputy with the Diocese of New Hampshire, also testified in favor of the resolution.

“We’re calling on governors to step up,” Hunt said. “A lot of them self-identify as Christians, and we want them to recognize that they are responsible for the lives of all the citizens in their jurisdictions.”

Atlanta Bishop Robert Wright, speaking with ENS during a break in the committee meeting, echoed Hunt’s comments about appealing directly to governors’ faith, because a lot of politicians “use their Christianity when it’s convenient politically.” Christianity speaks to the dignity of all humans, including those behind bars, said Wright, a member of the committee who has been active in advocating against the death penalty in Georgia.

“I’m glad that we are remembering our commitment as the Episcopal Church to facilitate the abolition of the death penalty,” Wright said when asked about Resolution D077. “We need people to take that energy that was put into these resolutions and take it back home.”

– David Paulsen is an editor and reporter for the Episcopal News Service. He can be reached at dpaulsen@episcopalchurch.org.

Committee sends to deputies a resolution to admit Cuba as a diocese

Mon, 07/09/2018 - 5:39pm

The morning’s heavy rain didn’t stop supporters of the Episcopal Church in Cuba from attending the Episcopal Church in Cuba Committee’s final open hearing on July 9. Photo: Lynette Wilson/Episcopal News Service

[Episcopal News Service – Austin, Texas] The Episcopal Church in Cuba moved a resolution calling on General Convention to admit the Cuban church, restoring a half-century breach in formal relations.

The committee sent Resolution A238, which lays out the terms for reunification, to the House of Deputies legislative calendar. It has not yet been scheduled for the floor.

Previously, the committee struggled with constitutional and canonical questions regarding whether or not convention had the power to act to bring in an existing Anglican Communion diocese and a bishop. It was during a July 7 hearing that it decided to write A238, this time calling for the 79th General Convention to admit the Episcopal Diocese of Cuba to the Episcopal Church during this convention.

The resolution recognizes that Article V, Section 1 of the constitution “does not expressly provide for creation of a new Diocese from an existing Anglican Communion Diocese, neither does it expressly limit or forbid General Convention from doing so.”

The committee based its reasoning in part on Resolution 1976-D004, an amendment to the White & Dykman Annotated Constitution and Canons of the Episcopal Church, which established that “all power is in the General Convention which the constitution itself does not limit.”

The resolution calls for $400,000 for support of the Cuban church’s ongoing mission and interim body to accompany the two churches through their transition to re-unification and $50,000 to fund that work.

An early morning heavy rainstorm did not prevent people from showing up for the final open hearing of committee on the Episcopal Church in Cuba.

The Very Rev. Jose Angel Gutierrez, dean of Trinity Cathedral in Havana, expressed gratitude for the committee’s support of Cuban clergy, who, if the resolution passes, will be eligible to participate in the International Clergy Pension Plan administered by the Church Pension Fund.

He also said, in Spanish through an interpreter, that by attending General Convention and the committee meetings he had learned a lot of about democracy and the church’s role in society. And he said it’s also become clear that reason can drown out the message of love, referring to the debate over the constitution and canons.

“I understand that we need laws and norms for the church to function, but not at the expense of love,” he said.

In his testimony and later in a conversation with Episcopal News Service the Rev. Roberto Maldonado, Latino missioner in the Diocese of Oregon and an alternate deputy to convention, said it’s important to know that it wasn’t Cuba’s decision to separate from the Episcopal Church in the 1960s. By readmitting the Cuban church, the Episcopal Church can set an example for other mainline denominations, such as United Methodists and Presbyterians, who also separated, he said.

The resolution also laments the action taken to separate the Episcopal Church from the Cuban church in 1966 by the House of Bishops in response to the geopolitics of the time.

The House of Bishops took its action in 1966 in response to the effects of the Cuban Revolution and the United States’ response. The Cuban Revolution, led by Fidel Castro, began in 1953 and lasted until President Fulgencio Batista was forced from power in 1959. Batista’s anti-communist, authoritarian government was replaced with a socialist state, which in 1965 aligned itself with the communist party.

Formerly a missionary district, the Episcopal Church of Cuba is an autonomous diocese of the Anglican Communion under the authority of the Metropolitan Council of Cuba. The council is chaired by the primates of the Anglican churches of Canada, the West Indies and the Episcopal Church. The council has overseen the church in Cuba since it separated from the U.S.-based Episcopal Church in 1967.

In 1961, Episcopal schools in Cuba had been closed and appropriated, and many clergy and their families were displaced. Some remained in Cuba; some either returned or immigrated to the United States. Some clergy who remained in Cuba were imprisoned, executed, or disappeared. Church buildings were closed and left to deteriorate. The church was polarized politically, and its clergy and lay leaders suffered. But the church continued in the living rooms of the grandmothers, who held prayer services and Bible studies in their homes. Through them is transmitted a story of pain, and of faith.

The Episcopal Church of Cuba traces its origins back to an Anglican presence beginning in 1901. Today, there are some 46 congregations and missions serving 10,000 members and the wider communities. During the 1960s, Castro’s government began cracking down on religion, jailing religious leaders and believers, and it wasn’t until Pope John Paul II’s 1998 visit to Cuba, the first ever visit by a Roman Catholic pope to the island, that the government began a move back toward tolerance of religion.

– Lynette Wilson is a reporter and managing editor of Episcopal News Service.

Committee forwards three forceful immigration resolutions for votes by bishops, deputies

Mon, 07/09/2018 - 2:32pm

The Rev. Devon Anderson, deputy from Minnesota, and Julia Ayala Harris, deputy from Oklahoma, stand outside the Hutto Detention Center in Taylor, Texas, before a prayer service July 8. Photo: House of Deputies News

[Episcopal News Service – Austin, Texas] And then there were three – three immigration-related resolutions from the Social Justice and United States Policy Committee, including two that were taken off consent calendars and will be open for discussion in the House of Bishops and House of Deputies at the 79th General Convention.

The three resolutions combine parts of several resolutions on immigration into broad, forceful statements on the issues of separation of families in immigrant detention, the sanctuary church movement and the dignity of immigrants in the face of federal policies that, deputies and bishops say, go against the Episcopal Church’s Christian values.

In some cases, the resolutions deliberately point backward to resolutions passed by previous General Conventions, both to underscore the church’s ongoing engagement with these issues and to highlight recent government policies that have given Episcopalians a new sense of urgency.

“Much of the work we were asked to do was essentially reaffirming the work of past General Conventions,” Daniel Valdez, a deputy from the Diocese of Los Angeles and committee member, said July 9 during deliberations on the resolutions. “Sadly, our voices haven’t been loud enough where a change has been made.”

The committee’s votes to move these resolutions to full legislative consideration comes a day after more than 1,000 bishops, deputies and other Episcopalians traveled by the busload and carload to a prayer vigil held outside an immigrant detention facility a little more than a half hour from Austin. The vigil on July 8 was organized to engage in prayerful witness to the plight of immigrant parents and children who have been separated from each other after being detained under the Trump administration’s “zero tolerance” immigration policy.

The administration’s decision to separate children from their parents in detention caused a national uproar in the spring, prompting President Donald Trump to issue an executive order to keep families together when they are arrested on the border, though the status of those families in detention remains an ongoing debate.

Resolution A178 specifically condemns such treatment of women and children in unambiguous language.

“The U.S. government’s intensification of and implementation of punitive immigration policies and practices, such as the detention and separation of children from parents and the practice of housing children in military bases, is inhumane and unjust, and only serves to traumatize the vulnerable, especially women and children,” the resolution says before urging the Office of Government Relations and all Episcopalians to advocate for those families.

The Rev. Brian Chace, a deputy from Eastern Michigan and member of the domestic policy committee, argued for moving the resolution forward without amendment, citing the acute crisis, the need to stand with the children and the resolution’s prominent proposer – the Rev. Gay Clark Jennings, House of Deputies president.

The committee agreed and voted in favor of A178 without amendment.

A trickier discussion followed on resolutions relating to providing sanctuary to immigrants. Resolution C009, “Becoming a Sanctuary Church,” was amended to incorporate elements of the related Resolution C018. Concern was raised about legal issues congregations might face under the banner of “sanctuary.”

Bishop Suffragan Anne Hodges-Copple of the Diocese of North Carolina, chair of the bishops’ committee, reassured the committee that the goal of the resolution is to foster within the church a greater spirit of welcome to immigrants.

“I’m some parts, ‘sanctuary’ gets equated with harboring,” Hodges-Copple said, and some churches will choose to provide or will continue to provide a physical sanctuary for immigrants facing deportation. But she also hoped the church will see the broader sense of sanctuary and reach out to immigrants in ways that are appropriate for each congregation.

That resolution and the third immigration resolution to clear the committee were added to the legislative calendar, meaning the two houses won’t be able to approve them quickly as part of the daily lists of consent resolutions.

“Sorry, Gay,” Jane Freeman, a deputy from Ohio, said in a reference to Jennings, who was not present at the committee meeting but had told the House of Deputies a day earlier “the consent calendar is our friend.”

The Rev. Mark Stevenson, director of Episcopal Migration Ministries, introduces a video about the agency’s refugee resettlement work before the Social Justice and U.S. Policy Committee takes up immigration resolutions on July 9 at the JW Marriott hotel in Austin, Texas. Photo: David Paulsen/Episcopal News Service

The resolution Freeman was discussing, C033, on respecting the dignity of immigrants, now incorporates elements of C001, immigration enforcement; C002, the DREAM Act; D001, residency status of Haitians, and D015, keeping families together.

The committee also bulked up the amended resolution with additional references to past actions taken by General Convention.

“What we wanted to be sure was there was a historical precedent going back to 2009 dealing with these immigration issues,” Freeman said. A 2009 resolution, for example, called for comprehensive immigration reform, a goal that Congress appears no closer to achieving nine years later.

The resolutions are expected to go to the House of Bishops first. The timing is not yet clear.

Resolution C033, in particular, generated quite a bit of testimony at an open hearing on immigration on July 7, possibly because it covers such a broad swath of the issue while also identifying specific avenues for advocacy.

“I call upon my church, our church, to do what is right for immigrants,” the Rev. Roberto Maldonado, a priest and deputy for the Diocese Oregon, testified at the hearing. Maldonado was one of about 25 people to speak about the various immigration resolutions.

– David Paulsen is an editor and reporter for the Episcopal News Service. He can be reached at dpaulsen@episcopalchurch.org.

79e convention générale de l’Église épiscopale – Propos inauguraux de l’évêque primat Michael Curry

Mon, 07/09/2018 - 2:28pm

Mgr Curry a tenu ces propos lors de la session inaugurale de la 79e convention générale le 4 juillet :

July 5, 2018

Merci, merci ! Que Dieu vous aime, merci !

Ce bruit me rappelle celui des fidèles en train de s’agenouiller dans l’église…

Merci Canon Barlowe, et merci à vous tous qui êtes là, pour votre empressement à servir de cette manière. À servir la cause de notre seigneur Jésus-Christ en tant qu’Église épiscopale. Ou mieux, en tant que branche épiscopale du Mouvement de Jésus.

C’est véritablement un privilège et une bénédiction d’être votre évêque primat. C’est un privilège et une bénédiction de travailler avec des serviteurs de Jésus à la personnalité remarquable. Le président Gay Clark Jennings, président de notre Maison des députés. Canon Michael Barlowe, que j’appelle toujours monsieur le Secrétaire. C’est un privilège de travailler avec eux. J’ai déclaré à plusieurs reprises, lors d’assemblées provinciales, que je passe tellement de temps avec eux que je me sens comme John-Boy dans le feuilleton télévisé des Walton. Vous vous souvenez comment, avant d’aller se coucher, ils se disaient « Bonne nuit M’man, bonne nuit P’pa, bonne nuit John-Boy ». Eh bien moi, le soir, je dis simplement « Bonne nuit Michael, bonne nuit Gay ». C’est une bénédiction et un privilège de travailler avec eux et avec l’extraordinaire équipe de l’Église épiscopale, et ce n’est pas une simple formule convenue. Nous avons des personnes formidables au sein de cette équipe. C’est irréfutable, et voyez, une colombe prend son envol pour le confirmer. C’est pourquoi il est si bon d’être ici, et j’espère qu’il en est de même pour vous tous !

Permettez-moi de vous faire part de quelques pensées tandis que nous commençons. Il ne s’agit pas d’un sermon (il est un peu tôt pour vous tous pour commencer cela), mais d’un texte qui m’a interpellé, il se trouve dans I Corinthiens 2. Voici ce qu’écrit l’apôtre Paul :

     Moi-même, quand je suis venu chez vous, frères, ce n’est pas avec le prestige de la parole ou de la sagesse que je suis venu vous annoncer le mystère de Dieu. Car j’ai décidé de ne rien savoir parmi vous, sinon Jésus Christ, et Jésus Christ crucifié.

Julia Ward Howe a exprimé un sentiment similaire lorsqu’elle a écrit

     Dans la beauté des lys

     Christ est né de l’autre côté de l’océan

     Avec dans sa poitrine la gloire

     Qui nous transfigure vous et moi ;

     Comme il est mort pour rendre les hommes saints,

     Vivons pour rendre les hommes libres,

     Tandis que Dieu est en marche.

     Gloire ! Gloire ! Alléluia ! Sa vérité est en marche.

En réalité, nous ne sommes pas simplement l’Église épiscopale.

Même si c’est ce que nous sommes.

Nous sommes en réalité la branche épiscopale du Mouvement de Jésus.

Un mouvement qui a débuté il y a très longtemps. Un mouvement dont les racines s’enfoncent profondément dans le terrain du judaïsme. Un mouvement au plus profond du cœur de Dieu.

Voilà qui nous sommes. Et plus nous serons ce que nous sommes, plus nous verrons de choses se concrétiser, au-delà même de ce que nous pourrions demander ou imaginer.

J’ai réalisé cela il n’y a pas très longtemps. C’était à Seattle, dans l’État de Washington, lors d’une visite dans le diocèse d’Olympia. Certains d’entre vous savent peut-être que Seattle est la patrie de Starbucks. Et la toute première boutique Starbucks, celle des origines – vous connaissez tous Starbucks ? Cette toute première boutique Starbucks est toujours là, vous pouvez y aller. Alors je me suis dit que je devrais faire un pèlerinage. Je m’étais rendu à la cathédrale, alors j’ai pensé qu’il fallait aussi que j’aille à la cathédrale du monde séculier, et je suis allé chez Starbucks. Le Starbucks originel. J’étais déjà allé dans des boutiques Starbucks un peu partout, mais je n’étais jamais allé dans le Starbucks originel. Je suis entré et j’ai commandé mon grand noir habituel en ajoutant : « et je prendrai un muffin ». Le serveur m’a répondu très poliment : « Nous ne servons rien à manger ici. Nous ne servons que du café et des cocktails. » J’ai répondu : « Oh, c’est le vrai Starbucks ». Et je me suis souvenu d’avoir lu Onward [en français, Comment Starbucks a sauvé sa peau sans perdre son âme] d’Howard Schultz. Dans cet ouvrage autobiographique, il relate l’époque où la chaîne Starbucks s’était considérablement développée dans le pays et dans le monde entier, augmentant non seulement le nombre de ses boutiques, mais faisant aussi évoluer une offre qui s’était diversifiée, développée et accrue. Il nous explique que tout allait bien, mais que soudainement leur part de marché semblait amorcer un déclin alors qu’ils étaient en expansion. Soudainement, leurs profits semblaient diminuer ou ne pas croître aussi rapidement qu’ils auraient dû, et ils ont commencé à se demander si quelque chose n’allait pas dans leur croissance et leur expansion. Dans son livre, Schultz explique qu’il s’est rendu dans une boutique Starbucks et qu’en y entrant il a réalisé que l’odeur du fromage gratiné l’emportait sur celle du café. Il a alors réalisé que la chaîne Starbucks s’était écartée du bon chemin, en oubliant ses racines, sa source, sa mission originelle et le cœur d’activité qui lui avait en premier lieu donné naissance et vie. Il s’est dit que si l’on va chez Starbucks et que la première chose qu’on sent c’est du fromage en train de griller, quelque chose ne va pas ! Notre activité, c’est le café ! Et savez-vous ce qu’ils ont fait ? Ils ont fermé – c’était en 2008 – ils ont fermé tous les magasins Starbucks. Ils les ont tous fermés, et ils ont envoyé tous les serveurs en formation pour leur réapprendre à faire du bon café et à susciter un contexte propice aux échanges humains.

Mes frères et mes sœurs, notre activité ce n’est pas le fromage gratiné. Notre activité, c’est le café. Et le nom de ce café, c’est Jésus de Nazareth ! Voilà notre activité !

Et plus nous sommes proches de nos racines, de notre source, de la source de notre vie elle-même, de la source de notre identité, de la raison pour laquelle nous sommes là, plus nous sommes proches de tout cela, plus grande sera notre force pour les jours à venir. Nous trouverons la sagesse, le courage et la créativité nécessaires pour aborder ce moment historique actuel.

Si je vous dis cela, c’est pour que vous compreniez que le Mouvement de Jésus n’est pas une invention de Michael Curry. Le Mouvement de Jésus date d’il y a longtemps. Les érudits bibliques nous ont longuement décrit les premiers jours de la chrétienté, c’est-à-dire la toute première origine du Mouvement de Jésus. Il s’agissait alors de personnes se rassemblant autour de Jésus de Nazareth pour écouter ses enseignements. Ceci n’est pas un sermon, c’est une présentation – mais quiconque a écouté ses enseignements, l’a vu vivre, s’est imprégné de son esprit, et son esprit a commencé à devenir leur esprit – c’est ce que nous appelons la Pentecôte.

Son esprit est devenu leur esprit. Ils se sont mis à aimer comme Jésus aime, à donner comme Jésus donne, à pardonner comme Jésus pardonne, pratiquant la justice, aimant la miséricorde et marchant humblement avec Dieu, tout comme Jésus ! Ceux qui les observaient ont vu cela et ont dit : « Vous ressemblez à de petit Christs ». Et ils les ont appelés chrétiens.

Chers frères et sœurs, nous ne sommes pas seulement l’Église épiscopale. Nous sommes la branche épiscopale du Mouvement de Jésus. Voilà qui nous sommes. Et c’est ce que le monde implore et désire ardemment que nous soyons.

Mais je serai bref.

Oui, président Jennings, vous souhaitez dire quelque chose ? Oui, je vais être bref ! Promis !

Julia Ward Howe figure parmi mes personnalités favorites. Vous vous souvenez peut-être qu’elle a composé ce poème qui est devenu plus tard l’Hymne de bataille de la République au cours d’un cauchemar national, au beau milieu de la Guerre civile. Alors que cette nation écartelée s’entre-déchirait. Alors que cette nation s’efforçait de trouver sa propre âme en libérant les captifs C’était dans le contexte d’un profond déséquilibre, de temps difficiles, de temps où les vertus et valeurs mêmes du pays étaient en jeu, ce qui ne diffère guère de notre époque ! Un temps où notre nation, un temps où le monde doit retrouver son âme. Et c’est alors qu’elle a écrit les mots qui sont devenus l’Hymne de bataille. Mais elle a écrit dans cet hymne un couplet souvent négligé qui parle du retour du Seigneur. Je vous livre ce couplet :

     Je l’ai vu

     Je l’ai vu

     J’ai vu le Seigneur, je l’ai vu dans les feux allumés

     De cent camps en cercle

     Je peux lire sa phrase vertueuse

     Dans la moite rosée de la nuit ;

     Sa vérité est déjà en marche.

Maintenant, j’ai quelques bonnes nouvelles pour vous. Peu importe les problèmes de ce monde, et il y en a. Peu importe les épreuves de ce monde, et il y en a. J’ai vu le Seigneur dans les feux allumés. Je l’ai vu dans les feux allumés de cent camps en cercle. J’ai vu le Mouvement de Jésus parmi nous dans cette église. Je l’ai vu !

Lorsque les diocèses ont été ravagés par les ouragans, les tempêtes et les pluies diluviennes, les épiscopaliens qui avaient tout perdu se sont regroupés, ont organisé leurs églises, redéployé les ressources, transformé les sanctuaires en sacristies avec de la nourriture pour les gens. Je l’ai vu à Porto Rico. Je l’ai vu dans les Îles vierges. Je l’ai vu en Floride. Je l’ai vu au Texas. Je l’ai vu à l’ouest du Texas. J’ai vu des épiscopaliens descendre dans la rue, animer des groupes de prière – vous m’entendez ? Des groupes de prière, d’étude biblique, des dialogues avec les pouvoirs publics, je l’ai vu !

Je l’ai vu dans les feux allumés de cent camps en cercle.

La vérité de Dieu, ce Mouvement, est en marche.

Mais pas seulement ici.

J’ai vu le Seigneur, je l’ai vu dans les groupes de prière tricotant des châles de prière. Si je vous disais combien j’ai de châles de prière maintenant, vous ne me croiriez pas ! Et continuez à en apporter, car Dieu sait que j’en ai besoin !

Je l’ai vu dans les chapelets anglicans et les chapelets qui m’ont été donnés dans les réserves Navajo, des colliers de protection que je porte partout où je vais. Je l’ai vu dans des églises épiscopales ordinaires ne regroupant parfois que 15 à 20 membres qui viennent louer le Seigneur chaque dimanche, qui suivent Jésus-Christ et qui parfois se lèvent et accomplissent ce que les autres ne feraient pas. J’ai vu des épiscopaliens se tenir aux côtés de personnes qu’aucun autre ne veut approcher. J’ai vu des épiscopaliens soutenir des immigrants. J’ai vu certains d’entre nous soutenir des réfugiés. J’ai vu certains d’entre nous réclamer la justice. Non pas au nom de valeurs séculières, mais au nom de Jésus-Christ. Au nom de l’amour. Je l’ai vu !

Je l’ai vu à Charlottesville. L’évêque Shannon Johnston et le clergé de ce diocèse se sont levés pour manifester – ou plutôt pour témoigner de la façon d’aimer, alors même que les néonazis et les adeptes du Ku Klux Klan hurlaient leur haine. J’ai vu des épiscopaliens s’associer à d’autres chrétiens et à des hommes de bonne volonté de toutes religions, et je les ai vus se dresser au nom de l’amour. Comme l’aurait fait Jésus de Nazareth.

À notre époque, revendiquer notre qualité de chrétiens équivaut à ressembler quelque peu à Jésus de Nazareth. Des chrétiens qui croient en ce Jésus qui a dit « heureux les pauvres, et les pauvres de cœur ». Un Jésus de Nazareth qui a dit « heureux ceux qui font œuvre de paix ». Un Jésus de Nazareth qui a dit « heureux ceux qui ont faim et soif » que la justice de Dieu l’emporte dans le monde entier. Un Jésus qui a crié depuis la croix : « Père ! Pardonne-leur, car ils ne savent pas ce qu’ils font ». Le Jésus qui a dit : « A ceci, tous vous reconnaîtront pour mes disciples : à l’amour que vous aurez les uns pour les autres. » C’est Jésus. C’est l’esprit chrétien. C’est la voie de la Croix. C’est la voie de l’amour inconditionnel et désintéressé de Dieu qui s’est offert en sacrifice. Et c’est la voie de notre salut à tous.

Je l’ai vu.

Je l’ai vu, c’est pourquoi je vais moi aussi m’asseoir. Je l’ai vu profondément lorsqu’il y a quelques années, les épiscopaliens du peuple Sioux de Standing Rock, les épiscopaliens de cette réserve se sont levés pour Jésus, au nom de l’amour. Le père John Floberg et les gens de bien de sa congrégation et des autres congrégations alentour ont pris position et, avec le soutien des épiscopaliens et des personnes de bonne volonté dans tout le pays, ont veillé sur ceux qui tentaient de protéger les territoires de sépulture sacrés, de protéger l’eau pour que celle-ci reste pure et claire pour les enfants, pour le peuple de Dieu – nous ne parlons pas ici d’une proposition radicale – afin qu’il y ait de l’eau propre et que les anciennes coutumes et traditions soient respectées. Je les ai vus soutenir les protecteurs de l’eau qui essayaient de faire changer les choses – je les ai vu leur apporter un soutien pastoral, les nourrir spirituellement. Je les ai vus essayer parfois d’être des médiateurs entre les différentes parties en conflit. Je les ai vus travailler à la réconciliation raciale. Je l’ai vu ! Je les ai vus se soucier de la création de Dieu, je l’ai vu ! Et je les ai vus apporter un témoignage évangélique dans le meilleur sens du terme, montrant une façon d’être chrétien qui ressemble à Jésus. Je l’ai vu !

Mais je l’ai vu au point d’en venir aux larmes, dans le campement des protecteurs de l’eau, au sein du peuple Sioux, dans la réserve où nous étions reçus de si bonne grâce. Je l’ai vu lorsqu’il y avait les drapeaux, ceux de toutes les tribus d’Amérique du Nord, des États-Unis et du Canada, ainsi que ceux des tribus d’Amérique du Sud. Des personnes de bonne volonté, de traditions religieuses différentes, je l’ai vu, et j’aurais aimé que vous le voyiez aussi, c’était incroyable ! Ils flottaient au vent ! Les drapeaux de toutes les nations et de tous les peuples venus soutenir ceux de Standing Rock, je l’ai vu, et le père Floberg a désigné un drapeau. Il était rouge, blanc et bleu clair. Je peux en témoigner. Je l’ai vu claquer au vent. C’était le drapeau de l’Église épiscopale. Laissez-moi vous parler de ce drapeau. Il est aux archives maintenant. C’était un vieux drapeau en loques, alors qu’il était neuf lorsqu’on l’a hissé, mais le vent du Dakota l’a mis en pièces. Il était en loques. Il était usé. Mais il claquait au vent, et la croix en son milieu était bien là, personne ne pouvait la manquer ! Comme la vieille croix de bois rugueux du cantique ! Je l’ai vue ! C’était l’Église épiscopale ! Non. C’était la branche épiscopale du Mouvement de Jésus ! Et le vent ne pouvait pas l’arrêter. La pluie ne pouvait pas l’arrêter. Les orages ne pouvaient pas l’arrêter. Les temps difficiles ne pouvaient pas l’arrêter. Car rien, non rien ne peut arrêter le mouvement de Jésus de Nazareth ! Si vous ne me croyez pas, demandez à Ponce Pilate ! Il a essayé, mais ça n’a pas marché !

La beauté des lys

Christ est né de l’autre côté de l’océan

Avec dans sa poitrine la gloire qui nous transfigure vous et moi.

Comme il est mort pour rendre les hommes saints

Vivons pour rendre les hommes libres

Tandis que Dieu est en marche.

Gloire, gloire, alléluia

La vérité de Dieu est en marche.

Que Dieu vous aime, que Dieu vous garde !

Bonne convention à tous !

Day of Unity brings together Churches and refugees in Cyprus

Mon, 07/09/2018 - 2:24pm

[Anglican Communion News Service] Refugees and migrants in Cyprus have taken part in a multi-faith event to celebrate different cultures – and their foods. National dishes from Syria, Palestine, Wales, England, Greece, Columbia, Sri Lankan and Lebanese featured in the event, which was run by Christine Goldsmith of the Diocese of Cyprus and the Gulf, and the Roman Catholic-linked Agapi Migrant Centre in Limassol.

The Archbishop of Canterbury’s fund provided a grant to help the churches run cookery mornings with refugees and migrants alongside members of the Anglican church and Agapi. The sessions were planned to help with integration and to value the varied backgrounds of the different cultural and ethnic groups.

“They say too many cooks in the kitchen spoils the broth,” Goldsmith said, “but with 12 different nationalities in the kitchen all speaking in their mother tongue the food only tasted more delicious because of this.”

Pages